FanFic

Algunos de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, podre unir mi vida al hombre de mis sueños, Edward.

miércoles, 19 de octubre de 2011

3 en 1 "No es tan fácil ser Niñera"

Como lo prometi
Maraton "No es tan facil ser Niñera"...3 en 1 
 espero que les guste!!!

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Cap. 19  Corazones complicados.
"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta

"Todo hermano se interesa por una hermana, 
sobre todo si esa hermana es de otro"

Por primera vez en su vida, Edward Cullen no sabía qué hacer ni qué decir.

El joven siempre había sido alguien de armas tomar, dispuesto a luchar por sus fines. Sin embargo, era difícil pensar que podía hacer algo más en una situación como aquella. Había sentido la distancia que Bella había impuesto desde el incidente del partido, con su ausencia y su frialdad, con sus tratos cordiales y sin gracia. Edward podía ser un joven extrovertido y con la cabeza en las nubes, pero lo había notado.

Y, por primera vez en su vida, no sabía qué hacer ni qué decir.

Estuvo largo tiempo buscando a Bella por el sector de los cines, pero parecía no haber rastro de ella. Evidentemente su huída no había sido sólo para alejarse de él, sino que se había ido a casa. Conciente de esa realidad, el joven Cullen comenzó a andar hacia el aparcamiento, con una expresión abatida en su rostro.

El camino a casa fue un rápido recorrido para Edward, ya que su cabeza no dejaba repasar las escenas de ese día. ¿Acaso era tan importante la opinión que Jacob pudiera tener de ellos para terminar todo tan drásticamente? Se sentía casi fuera de sí, indignado con aquella joven que le había dado esperanzas inútiles. Evidentemente, él y las relaciones no funcionaban. La experiencia le había probado que el compromiso con una mujer termina en alguna escena dolorosa. Y él no quería pasar por eso.

Sin embargo, en algún rincón de su mente aún seguía pensando cómo podía recuperar a Bella…

El joven llegó a su casa con el ánimo por los suelos. Después de abrir la pesada puerta de entrada, entró en la sala y se dejó caer sobre el sofá con desgano. Ni siquiera se molestó en quitarse las gafas o la cazadora. Simplemente se quedó allí, deseando que, de alguna forma divina, las respuestas a sus problemas llegaran a su mente.

Las respuestas no llegaron ni compadeciéndose de los intentos desesperados de Edward por obtenerlas, por supuesto, pero si lo hicieron Jasper y Emmett después que el joven Cullen les enviara un mensaje. Sin importar su estado de ánimo, estar con sus amigos siempre lo hacía sentir un poco mejor. Las tarde de domingo ya eran lo suficientemente depresivas como para sumirse en sus problemas en total soledad.


- Tienes mala cara, hermano - comentó Emmett, con su usual honestidad bruta.

- Bella me ha rechazado… otra vez - respondió el muchacho, invitando a sus amigos a sentarse en los sofás de la sala.

- No es ninguna novedad, ¿cierto?

Edward observó a Jasper, cuyo tono había sido profundamente suspicaz. No le sorprendía que él se hubiese percatado que algo había cambiado en su relación con Bella durante los últimos días. A veces, el joven Cullen tenía la impresión que Jasper podía leerle la mente.

- Pues sí, lo es, porque últimamente las cosas estaban mejor entre nosotros - explicó Edward, con una mirada significativa.

Jasper sonrió. Desde hacía un tiempo Edward notaba aquella sonrisa especial en el joven Whitlock y estaba comenzando a empalagarlo. No le importaba quiénes fueran las chicas de su amigo, pero alguien debía sacarle esa sonrisa idiota del rostro. Con su usual condescendencia, Jasper parecía sumido en un mundo de flores y colores… y apestaba.

- ¿Qué has hecho esta vez?
- Ese es el problema - respondió Edward, después de resoplar - No sé que he hecho.
- ¿No estará molesta por la chica con la que estabas en el vestuario? - sugirió Emmett.

Edward lo miró con una ceja alzada.

- Ella era la que estaba en los vestuarios.

- ¿¡Qué! - gritó Emmett, mientras el joven Whitlock sonreía.

Edward procedió a contarle a sus amigos los últimos sucesos de su relación con Bella. Su enorme amigo parecía sorprendido antes cada palabra, mientras que el rubio del grupo simplemente sonreía cada tanto, como si todo aquello no fuese una novedad para él. Edward se detuvo especialmente en lo que había sucedido en el cine: la frialdad de Bella, sus fallidos intentos por animarla y, por último, aquel inoportuno encuentro con Jacob Black.

- ¡No sé que hacía ese perro ahí! - se quejó Edward - Quiero decir, ¡sólo ustedes sabían que estábamos en el cine!

Emmett se mordió el labio inferior y luego de aclaró la garganta, haciendo que las miradas de sus amigos se clavaran en él.

- Puede que… bueno… puede que accidentalmente se me haya escapado frente a Rose el asunto de su salida…

- ¡Debes estar de broma, Emmett!

- ¡Lo siento, hermano! - pidió - No fue de forma intencional.

Edward dejó el asunto pasar, ya que aquello no cambiaría las cosas entre Bella y él. Sus amigos intentaron darle potenciales soluciones -mejor dicho, Jasper lo hizo; Emmett no servía demasiado para ese tipo de cosas-, pero el joven Cullen sentía que, de alguna forma, ninguna de ellas funcionaría. Había algo en las palabras de la muchacha que le había dejado un horrible sabor en la boca; algo diferente a todas las veces en las que lo había rechazado. Sobre todo por el curso que habían tomado los hechos, Edward sabía que esa vez necesitaría más que un ramo de flores y una tarjeta bonita para obtener su perdón.

La mañana siguiente, Edward Cullen se levantó lleno de determinación. Después de las tareas que debía llevar a cabo cada mañana, el joven se preparó para salir. Corrió a su habitación y cogió su celular, comprobando antes que la carga estuviera completa. Ese día lo necesitaría bastante.

Su primer mensaje fue para Rachel durante su primera lección del día. Pocas palabras, concisas, y una promesa que cumpliría esa misma tarde, una vez que las clases hubiesen terminado.

Efectivamente, en el momento en el que dejó el establecimiento donde estudiaba, Edward subió a su vehículo para ir a buscar a la muchacha. Le importaba un rábano que Jacob Black no lo quisiera cerca de ella, pero necesitaba dejar las cosas claras con Rachel de una vez por todas. Después de tantos años dentro de aquella telenovela bizarra y enmarañada, Edward Cullen, extrañamente, estaba comenzando a cansarse del drama y la inestabilidad que había en su vida.

Edward entró en el Mooreland Hill con los abrumadores recuerdos caminando detrás de él. 

Intentando ignorar aquella sensación de inseguridad que lo apresaba cada vez que se encontraba allí adentro, siguió caminando por los corredores y captando las miradas de más de un estudiante. Haciendo caso omiso a las voces y los rumores, Edward Cullen llegó hasta el patio trasero del lugar, donde una joven se encontraba de pie bajo un árbol.

- Primero debo hacerte una pregunta - comentó Edward, después de haber saludado a Rachel Black - ¿Rosalie no está por aquí no? Me cabrería bastante que nos interrumpiera y se pusiera a gritar como una loca.

La muchacha negó suavemente con un gesto de su cabeza.

- No le dije que vendrías. De hecho, tampoco pensaba quedarme yo, pero supuse que era preferible escuchar lo que tuvieras para decir.

Edward y Rachel se sentaron en la hierba y el muchacho intentó ser lo más claro posible a la hora de explicarse y disculparse. La joven Black escuchó atentamente y no lo interrumpió en ningún momento. De todas las chicas con las que había salido simultáneamente, Rachel era la más inteligente y centrada y, sin dudas, la que merecía primero una buena explicación al respecto. Cuando vio su mirada dolida y sus muecas de incredulidad, Edward comenzó a entender realmente cómo había lastimado a tanta gente que lo rodeaba. Él sabía como se sentía que te rompieran el corazón y, sin embargo, se había vuelto uno de sus principales entretenimientos.

- Supongo que puedo valorar que hayas hablado conmigo, aunque no creas que voy a perdonarte - comentó ella, con un pesado suspiro - A pesar que ni siquiera tú sabías lo que querías, te comportaste como un jodido imbécil.

- No pretendía que lo hicieras - aseguró él, obviando el último comentario - pero quería que supieras las cosas.

- Ya te he insultado lo suficiente - comentó la joven Black con resignación, haciéndole recordar aquella noche en los vestuarios - Además, yo no tenía exigencias contigo.

- Estábamos bien, ¿cierto? - dijo el muchacho con un extraño dejo de nostalgia.

- Sí… yo nunca pedí más - aceptó ella - pero todos nos merecemos más que eso. Incluso tú.

Compartieron un silencio tranquilo mientras el viento agitaba la hierba suavemente.

- ¿Por qué es tan difícil?

- No lo sé, Edward  - respondió ella - Me encantaría darte una respuesta, pero creo que nadie la ha encontrado aún. De cualquier forma, ha sido bueno aclarar las cosas entre nosotros.

Con aquellas palabras, Edward volvió pensativo a su automóvil, decidido a escribir el segundo mensaje que tenía en mente. El mismo tenía como destinatario a Tanya Denali, otra de las tantas personas que merecía una explicación en medio de toda esa confusión. Mientras manejaba por las calles que lo llevaban a la escuela Hopkins, esperó una respuesta que nunca llegó. Intentó llamar al móvil de la muchacha, pero se encontraba apagado. Con cierto alivio de poder postergar una tarea desagradable como aquella conversación que le esperaba con Tanya, el joven Cullen decidió que volvería a la escuela algún otro día. Ya tendrían tiempo para hablar.

Finalmente, un tercer mensaje fue dirigido hacia Bella. No era como si realmente esperara una respuesta después de lo que había sucedido, pero sólo quería avisarle a la joven que iría a su apartamento. Sin importar cómo o cuánto tiempo le tardaría, Edward estaba decidido a hablar con ella. Esperaría fuera de la vivienda o tiraría la puerta abajo, le daba igual; esa misma tarde él y Bella tendrían una conversación.

Después de un recorrido considerable, Edward aparcó frente al edificio donde la joven Swan vivía. Se bajó algo confundido, sin saber a ciencia cierta qué diría para que le permitiera entrar a su apartamento ni cuál sería su discurso a la hora de hablar con ella. Intentando no pensar en ello, el joven Cullen realizó el recorrido hasta el piso donde la muchacha vivía y se quedó de pie frente a la puerta correspondiente. Presionó el timbre. Una, dos, tres veces.

Nada. Nada de nada.

- ¡Bella, por favor! - gritó, dándole algunos golpes a la puerta - ¡Tenemos que hablar!

Ni un sólo sonido proveniente del interior.

Edward dejó que su espalda descansara contra la pared opuesta a la puerta de la muchacha. 

Esperó unos cuantos minutos antes de coger el teléfono móvil de su bolsillo. Intentó llamar a la joven Swan y escuchó el sonido del móvil en el interior del apartamento. A ello siguieron una serie de golpes a la puerta por parte del muchacho; sin embargo pronto se resignó. O Bella estaba muy empeñada en no abrirle, o realmente no estaba en casa.

Edward pensó en llamar a su hermana para preguntarle si sabía dónde estaba Bella, mas primero se tomó unos cuantos minutos para tranquilizarse. Nunca se había sentido tan desesperado en su vida; nunca había sentido esa imperiosa necesidad de gritar, aunque ni siquiera sabía que decir. Era una mezcla de sentimientos que lo tenían confundido.

Desde que Bella había ingresado en su hogar, la vida de Edward había cambiado por completo. No sólo en un plano útil -todo iba mejor en la casa desde que la joven Swan se ocupaba de las cosas-, sino que su forma de ver las cosas había cambiado. Desde que aquella muchacha se había vuelto un desafío para él, Edward había comenzado a revivir un poco de esa vieja persona que él solía ser. Bella le había devuelto las ganas de pelear por algo, la convicción necesaria para saber que el camino difícil es muchas veces el que lleva a las mejores cosas. Mucho había sido el esfuerzo que él había puesto en aquella compleja relación que ambos llevaban, pero había entendido que las cosas serían más agradables cuando terminaran de andar juntos. Porque Edward había cambiado; sólo necesitaba que Bella lo entendiera.

Algo en él se había modificado por completo.

Con cierta pereza, el muchacho cogió su móvil nuevamente y marcó el número de su casa. 

Después de esperar algunos segundos, la voz aguda de su hermana sonó al otro lado de la línea. Edward automáticamente preguntó si conocía el paradero de la joven Swan, pero Alice simplemente respondió:

- Ella no ha venido por aquí - comentó - ¿Acaso ustedes no iban a salir juntos?

Edward evadió la pregunta y, después de pedirle a su hermana que le avisara si tenía novedades de la joven Swan, terminó la llamada. Se puso de pie y prácticamente corrió hacia su auto, intentando buscar alguna respuesta desesperada a todo lo que sentía. No había nada que deseara más en aquel instante que encontrar a Bella y pedirle que reconsiderara las cosas.

El joven Cullen dio vueltas por la ciudad por tiempo indefinido, quedándose cerca del apartamento de Bella, aunque sin una auténtica pista que lo ayudara a encontrarla. Cada tanto echaba una ojeada a su teléfono móvil, apoyado en el asiento del copiloto, mas el mismo seguía inactivo desde su última llamada. Cuando pensó que se volvería loco, el pequeño aparato comenzó a sonar y hacer luces y Edward lo cogió desesperadamente.

- Ed, Emmett me ha dicho… - murmuró Alice - que ha visto a Bella con… Jacob.

Edward se quedó de piedra y agradeció que el semáforo diera luz roja y le evitara lo que podría haber sido un penoso accidente.

- ¿Cómo?

- Sí, no lo sé - respondió la pequeña, hablando atropelladamente - Dice que los ha visto cerca del centro comercial hace como una media hora…

Edward no siguió escuchando aquella conversación. Ya no le importaba qué hacía Bella; por lo menos no cuando estaba con Jacob. El muchacho simplemente apagó su teléfono móvil y lo lanzó al asiento, conduciendo a toda velocidad. Volvió a dar unas cuantas vueltas por la ciudad, sintiendo la brisa helada sobre su rostro inanimado. Después simplemente sus manos llevaron el volante, hasta que se encontró en la puerta de su casa. Casi no había notado el trayecto, por lo que se sorprendió bastante cuando vio la familiar entrada de su hogar.

Sin embargo, lo que más sorprendió a Edward fue la joven que venía caminando por la acera.

Bella, sola y con la cabeza gacha, caminaba lento rumbo a la casa donde él vivía.
¿Acaso ella…?
Antes que pudiera reprimirlo, un suave susurro salió de los labios del muchacho:

- Bella…

La joven se volvió, sorprendida. Ambos se observaron en silencio.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó él, con cierta esperanza refulgiendo en su pecho.

- Vine a hablar con tu madre - explicó con voz sombría - Necesito viajar a Jacksonville de urgencia y no podré venir mañana.

- ¿Cómo…?

-Mi padre ha recibido una herida de bala, van a operarlo y necesito ir a verlo - narró rápidamente - Olvidé mi teléfono y como estaba cerca decidí pasar antes de salir.

- Pero, ¿cómo te enteraste? - preguntó Edward suavemente, mientras buscaba sus llaves.

- El padre de Jacob lo llamó para contarle y fue él quien me avisó - respondió rápidamente la joven, que parecía muy interesada en el suelo de la entrada.

Bella entró a la casa y rápidamente se dirigió a hablar con Esme en privado. Edward se quedó esperando en el recibidor, completamente conciente de lo que debía hacer. No le importaba lo que había sucedido esa misma tarde, tampoco el hecho que ella hubiese estado con Jacob después de haberlo dejado sólo. Nada le importaba porque Bella realmente estaba pasando un mal momento y él necesitaba demostrarle que tenía alguien allí que estaría para servirle de apoyo. Sobre todo, no lo hacía para probar puntos, sino porque realmente salía desde lo más profundo de su ser. Sentía la necesidad de estar con ella incondicionalmente, allí, en Jacksonville o al otro lado del mundo.

Edward intercambió unas rápidas palabras con su padre, que estaba en plan de ir a un evento benéfico del hospital con su madre, y fue a coger algunas cosas a su habitación. Cuando volvió al recibidor, encontró a la joven Swan saludando rápidamente a Alice, que observaba todo el movimiento, confundida. Antes que Bella atravesara la puerta de entrada, Edward cogió una bufanda que pendía del perchero y la siguió con una soltando una sola y segura frase:

- Iré contigo.

- Edward, no…

- No te estoy preguntando; voy a ir contigo, quieras o no - aseguró él suavemente - Vamos en mi auto.

Bella tardó unos segundos en salir de su estado de sorpresa y luego corrió al vehículo del joven Cullen. Ambos tuvieron un rápido viaje hasta el apartamento de Bella, donde el muchacho esperó en la entrada a que la joven tomara algunas cosas. En tan sólo unos quince minutos, los dos volvieron a montarse al vehículo y Edward condujo hasta el aeropuerto, haciendo que su loca pasión por la velocidad se volviera algo casi tranquilizante.

Cuando llegaron al aeropuerto Tweed, ambos corrieron hacia las ventanillas para comprar dos tickets para Jacksonville. Edward se sentía algo reticente a la idea de tener que volver a volar, incluso cuando tenía aquellos viejos calmantes que había conseguido en su último viaje, pero estaba completamente decidido a acompañar a Bella. Sin embargo, no esperaban el gran inconveniente que puso frente a ellos la bienintencionada empleada:

- Disculpen, pero el próximo vuelo a Jacksonville es mañana por la mañana - explicó cordialmente.

- ¿Cómo? ¡No!, ¡nosotros necesitamos viajar hoy! -exclamó Bella calurosamente.

- Disculpe, señorita, pero el vuelo más cercano es el que se dirige a Miami.

- Bueno, ¡iremos allí entonces!

Edward cogió a Bella de uno de sus hombros y la joven lo miró. En sus ojos podía leerse claramente la desesperación y el sufrimiento. El brazo de Edward la atrapó por los hombros y la atrajo un poco contra él.

- Bella, podríamos ir a Miami y rentar un automóvil, pero tardaríamos muchísimo - explicó Edward dulcemente - No tiene sentido recorrer más de quinientos kilómetros y los vuelos desde allí hasta Jacksonville no salen con mucha frecuencia.

La joven Swan pareció considerar las cosas fríamente por unos instantes. Asintió en silencio mientras abandonaban la ventanilla.

- Vamos a casa - propuso Edward, continuando con el uso de aquella voz suave - Mañana vendremos a primera hora.

Bella volvió a asentir y alzó la cabeza para mirar al muchacho, que aún tenía un brazo sobre sus hombros. El joven Cullen sintió un gran encogimiento en su pecho cuando vio aquellos ojos castaños brillantes y rojos por las lágrimas.

- Gracias, Edward.
- No tienes nada que agradecerme.

Los dos jóvenes volvieron al auto y su regreso fue mucho más parsimonioso, con la compañía de la música clásica y la calefacción. Llegaron hasta el hogar de los Cullen, donde las luces se encontraban apagadas. Ambos bajaron con cautela y cogieron sus cosas, dispuestos a refugiarse en la casa hasta el día siguiente.

Edward consiguió abrir la puerta y ambos muchachos entraron a la casa con sigilo, rodeados de un aura particularmente reflexiva y melancólica. Ambos dejaron sus cosas en el recibidor y se adentraron en la sala, que se encontraba completamente vacía.

- ¿No hay nadie? - preguntó Bella suavemente a su acompañante.

- Es extraño - murmuró él - Alice debería estar aquí. Mis padres tenían un evento del hospital.

- ¿Y la han dejado sola? - cuestionó la joven - ¿No habrá ido a casa de una amiga?

Edward no respondió, pero sus ojos se quedaron fijos en la pequeña mesa de café, donde había un teléfono móvil y un juego de llaves. Después de escapar de una especie de trance sacudiendo la cabeza, el joven salió caminando de allí y subió las escaleras con cautela, haciéndole a Bella un gesto para que se callara. La joven Swan lo siguió, confundida, hasta que llegaron al piso superior. Entonces Edward abrió violentamente la puerta del cuarto de su hermana.

Alice y Jasper. Jasper acomodado en un pequeño sofá lila, Alice sentada a sus pies, con la cabeza apoyada en sus rodillas y riendo alegremente. Las manos del joven Whitlock descansaban en los hombros de la pequeña de forma casual, como si fuera una posición natural para ambos.

Edward sacudió la cabeza. Estaba empezando a pensar idioteces.

- ¿Jazz qué haces aquí?

- ¡Oh, has venido para que Alice no se quedara sola! - chilló Bella con gran entusiasmo y una extraña voz aguda. Edward la miró, confundido - ¡Que dulce de tu parte!

- Bella, no importa - murmuró Jasper, poniéndose de pie - Creo que es hora de hablar y aclarar las cosas.

Los ojos del joven Cullen se encontraron con los de su amigo y el entendimiento llegó a él poco a poco. Comprendía las sonrisas de su amigo, la hiperactividad en exceso de su hermana y su incasable buen humor, el cambio de ambiente… Sin embargo, se negaba a creer lo que tenía frente a sus ojos.

- Esto… es una broma, ¿cierto? - inquirió Edward, con una sonrisa arrogante.

Nadie respondió.

El joven Cullen se quedó de pie, haciendo un análisis de los hechos sin importar que todos lo miraran fijamente, como esperando algo. No estaba seguro de lo que estaba pasando allí, pero no quería escuchar explicaciones. Simplemente dejó la habitación, dando grandes zancadas para alcanzar la suya. Empujó la puerta fuertemente, esperando que se cerrara de un portazo, mas esta fue interceptada antes de llegar al nivel de la pared. Edward se volvió rápida y furiosamente para ver a la joven Swan cerrando la puerta suavemente.

- Edward, yo…

- Bella, déjalo. No quiero saberlo… yo… ¡Dios! - pidió. Un pequeño silencio reflexivo se extendió por la habitación mientras Edward iba y venía - ¡No puedo creer que tú también me lo ocultaras!

- ¿Qué otra cosa podía hacer? - preguntó la muchacha - ¡No tienes por qué reaccionar así!

- ¿Crees que no tengo motivos suficientes?


- Yo sé que no estuvo bien, pero no era mi asunto, Edward… Deberías escucharlos a ellos y considerar las cosas con calma.

- ¡No!, ¡no estamos hablando de ellos aquí! - soltó, gesticulando en exceso - De todos, tú deberías haberme dicho algo.

- Por qué, Edward?, ¿por qué yo? -exigió la joven con fiereza.

- ¡Porque eres la persona de la que estoy enamorado, demonios! - gritó - ¿Acaso no puedes entender eso?

Edward comprendió con aquellas palabras que ya no tenía más sentido negarlo: estaba incondicional e irrevocablemente enamorado de Isabella.
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Cap. 20  Cuestiones de orgullo.

"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta

"La única persona que escucha a ambas partes en una discusión,
es el vecino de junto"

Se miraban, pero nadie hablaba. Bella parecía casi tan sorprendida como el joven Cullen por las palabras que acababan de salir de su imprudente boca. 

Edward se quedó moviendo los labios en silencio, frente a una estupefacta Bella, que se había quedado allí frente a él sin hacer más que mirarlo. En todo el tiempo que habían compartido juntos, el joven Cullen estaba seguro que nunca había visto a Bella con esa expresión, que le hacía pensar en alguien que había visto un fantasma. Aunque, posiblemente, él tuviera una muy parecida en su cara.

Entonces, el muchacho, como saliendo de un trance, recordó por qué habían llegado a aquella extrema situación.

- Quiero hablar con Jasper - balbuceó, en un efectivo intento de cambiar de tema.

Bella no respondió ni se movió de su lugar, por lo que el joven Cullen salió de la habitación, sintiéndose un cobarde. Antes que tuviera más tiempo para analizar la situación, se topó con Jasper en medio del corredor.

- Edward, ¿podemos hablar como dos personas civilizadas? - pidió el joven Whitlock.

- ¿Ahora quieres hablar? - preguntó mordazmente.

Jasper suspiró y se pasó una mano por el cabello.

- Vamos a la sala, por favor - pidió - Quiero que hablemos esto como personas adultas.

Los dos muchachos bajaron y Edward apretó sus puños para no hacer cosas de las que después podría arrepentirse. Había una extraña mezcla de sentimientos en su pecho y necesitaba expulsarlas de alguna manera. Realmente no quería gritarle a Jasper, pero sabía que lo haría. Había estado bajo demasiada presión durante los últimos días como para pensar en frío y con objetividad.

Ambos jóvenes se sentaron en los sofás de la sala, rodeados de un cargado ambiente.

- Edward, estoy enamorado de Alice - confesó Jasper, inclinándose un poco y apoyándose sobre sus rodillas.

El joven Cullen, que se encontraba sentado en el sofá opuesto, se puso de pie bruscamente.

- Pero… ¡es mi hermana, Jasper! - balbuceó, presionando luego el puente de su nariz - ¡Tiene casi cinco años menos que tú! ¡Es amoral!

El hermano de la pequeña Alice observó como su amigo se ponía de pie también.

- ¿Justamente me vas a hablar de moral, Edward? ¡Vamos! -se mofó Jasper - Esto no es como los juegos que a ti te gusta jugar. Estoy con ella porque la quiero. La quiero como no he querido a nadie y, si lo hemos ocultado, es porque todavía no sabíamos qué íbamos a hacer con esto que sentíamos.

Edward soltó una carcajada irónica.

- ¿No sabían que iban a hacer? - preguntó con sarcasmo - Por supuesto, ¡porque ella tiene doce años!, ¡doce!

- ¿Acaso nunca has escuchando eso de que no hay edad para el amor? ¿Debo ser justamente yo quien te recuerde que no eliges de quién enamorarte?

Edward desvió la mirada con rabia.

- ¡Pero Jasper, tienes diecisiete años! - insistió - Es decir, ¡vamos!, esas cosas se pasarán.

Jasper parecía auténticamente indignado cuando el joven Cullen volvió a mirarlo a la cara.

- Edward, la quiero. No se pasará. Estoy enamorado de ella.

El joven Cullen suspiró frustrado y comenzó a pasearse por la habitación. Mientras se pasaba las manos por el cabello casi desesperadamente, pensando que podría arrancárselo, el muchacho intentaba buscarle una solución a su ataque de ira y al problema que repentinamente se había presentado frente a él. También pensó en Bella, en lo que había dicho, y su ánimo decayó un poco más.

¿Qué hacer cuando los problemas parecían no tener fin?

- No tengo ganas de discutir sobre esto ahora, Jasper - murmuró Edward con abatimiento - pero debo ser honesto: no quiero que salgas con mi hermana.

Su amigo lo miró incrédulo.

- No voy a perder el tiempo hablando contigo, Edward - aseguró - Amo a Alice, y no puedes hacer nada para cambiar eso.

Edward ni siquiera se molestó en seguir a su amigo o en acallar la ira que sentía. Se dejó caer al sofá a lo largo de él y gritó contra la superficie, haciendo que su voz sonara ahogada. Se quedó allí intentando comprender lo que pasaba por su mente. Pocas veces en su vida había tenido esa sensación de asfixie; de saber que, incluso cuando había mucho por hacer, no se sentía con las energías suficientes como para hacer nada.

Al día siguiente el muchacho se despertó en el sofá, con uno fuerte dolor de espalda y con una apariencia bastante deplorable. Apenas había algo de claridad en el exterior y descubrió, cuando ingresó en la vacía cocina, que todavía era realmente temprano. Sin preocuparse demasiado por su estado o por el horario, el joven preparó un poco elaborado desayuno y se quedó comiéndolo sentado en la encimera, meditando. Estaba con su tazón de cereales a medio acabar cuando la figura de Bella atravesó la puerta de entrada.

- ¿Hace mucho que estás despierto? - preguntó suavemente.

El muchacho negó, sin despegar la vista de su desayuno.

- ¿Y tú?

- Alice me ha dejado el cuarto de huéspedes, pero no he podido dormir muy bien… estaba algo ansiosa por el viaje.

Edward lo recordó repentinamente y asintió ausentemente, evitando aún el contacto visual.

Bella preparó el desayuno para el resto de la familia, que parecía un poco más elaborado que lo que usualmente comían. El joven Cullen sabía que ese día ambos tenían clases, pero la salud del padre de Bella podía justificar su ausencia. Edward no tardaría demasiado en convencer a sus padres y podrían…

La música de un teléfono móvil lo distrajo.

Edward llegó a observar como Bella salía de la habitación, con el pequeño aparatito sobre su oreja. Mientras revolvía ausentemente los pocos cereales que le quedaban dentro del recipiente, intentó escuchar algo de la conversación que la joven Swan mantenía. Sin embargo, no necesitó hacer suposiciones mentales sobre la misma, ya que la misma muchacha se encargó de contarle el motivo de la llamada cuando volvió a la cocina:

- Era mi madre - explicó - Dijo que mi padre ya ha sido operado y que la intervención ha sido exitosa.

- ¿Viajaremos hoy? - preguntó el muchacho.

- Creo que lo mejor será esperar al viernes - respondió ella, con cierta vacilación - Ya está fuera de peligro y… bueno, no tienes que viajar, Edward, yo no…

- Quiero hacerlo - cortó él repentinamente - En serio, Bella, yo…

¿Edward Cullen sentía timidez? En aquellos momentos se sentía el ser más idiota sobre la faz de la Tierra.

- D-de a-acuerdo - balbuceó la joven Swan como única respuesta.

El día escolar pasó para el joven Cullen tortuosamente. El tenso ambiente que se generó en el viaje en coche con su hermana se extendió hasta el salón de clases, donde Jasper y él se dedicaron a evitarse frente a la confundida mirada de Emmett. Alguien debía explicarle lo que sucedía, pero ciertamente no sería él. Ya se sentía lo bastante torturado y cabreado por sus pensamientos como para tener que exponer la situación en voz alta. Cuanto más lo pensaba, menos lógica le encontraba.

- ¿Entonces iran este viernes? - preguntó el joven McCarthy, mientras cogían algo para comer.

- Así parece - respondió Edward, buscando la usual mesa disponible - Como su padre ya está fuera de peligro, la madre de Bella insistió en que no perdiera clases.

- ¿Un viaje del amor, quizás? - inquirió Emmett sugestivamente.

- No estamos en nuestro mejor momento, Em - aseguró secamente Edward, terminando cualquier conversación relacionada con Bella.

Era difícil tener que guardarse las cosas para él mismo en situaciones así. Después de aquella particular confesión que había tenido con Bella, Edward tenía una leve necesidad de hablar con alguien sobre sus problemas amorosos. 

Aquel alguien usualmente hubiese sido Jasper; pero los sucesos de los últimos días y su inquebrantable orgullo le impedían acercarse a su compañero, incluso cuando se moría por hacerlo. Como segunda opción estaba Emmett, pero él nunca había sido exactamente el tipo de amigo con el que se podía compartir problemas amorosos. Edward adoraba al joven McCarthy, pero sabía que su humor pícaro y sus bromas de mal gusto no eran lo mejor cuando uno tenía auténticos problemas del corazón.

Oh, que marica había sonado eso.

Esa tarde, los muchachos del equipo de basquetbol tuvieron que quedarse a entrenar, ya que el partido volvería a jugarse en dos semanas y querían estar realmente preparados para ello. Edward aún tenía la muñeca delicada, pero eso no fue un impedimento para meterse en el pequeño partido amistoso que habían organizado sus compañeros. 

Dejando su posición de point guard y ubicándose un poco más atrás, el joven Cullen empezó a dar instrucciones y se dividieron en dos equipos. Comenzaron un amistoso partido usando como distintivo unas viejas pecheras guardadas en los vestuarios. Jugaron un par de minutos, hasta que Edward decidió hacer un despectivo e innecesario comentario, clavando sus ojos en Jasper:

- No está permitido que haya observadores en la práctica.

Jasper siempre había sido el único que tenía permitida la entrada. No sólo era uno de los mejores amigos del capitán, sino que, además, solía tener buenas estrategias que el equipo luego podía aplicar. De hecho, el joven Whitlock había sido el responsable de grandes jugadas que los habían llevado a la victoria, aunque Edward no fuera capaz de admitirlo en ese momento.

- ¿Ed, qué demonios estás diciendo? - preguntó Emmett, confundido - Jasper puede quedarse. Él es el de las buenas ideas.

- Cualquiera puede tener buenas ideas - aseguró Edward de mala manera, sin quitar los ojos del joven Whitlock.

Jasper se puso de pie y se acercó un poco a él, haciendo un frío contacto visual.

- Ya me voy - aseguró el rubio - De cualquier forma, aquí tienen al rey de las estrategias y las triquiñuelas.

- ¡Oh, mira quien habla de triquiñuelas! - exclamó Edward, con furia - ¡Tú sabes esconder las cosas mejor que nadie!


- ¡Hey, ustedes dos! - gritó Emmett, con voz atronadora - ¿pueden parar con el numerito? No sé que demonios les pasa pero están actuando como un par de imbéciles.

Edward se sacó la pechera rápidamente.

- Me voy a casa - anunció - Emmett, hazte cargo del entrenamiento.

Edward abandonó el gimnasio con las voces detrás de él y atravesó el campo para dirigirse a los vestuarios. Echándose una chaqueta sobre el uniforme, cogió sus cosas y volvió a caminar a grandes zancadas hasta su automóvil. 

Poniendo el estéreo a un volumen ensordecedor y conduciendo a una velocidad disparatada, el joven Cullen se dirigió a su casa. Ni siquiera prestó atención al camino, cegado por la ira y los desesperados deseos de encerrarse en su habitación.

Cuando ingresó a la vivienda, Edward trasladó sus cosas al segundo piso y desparramó todo sobre su cama. Sin importarle demasiado el espacio, se dejó caer el también sobre el cubrecamas y hundió su cabeza en la almohada. 

Tantas preguntas sin respuesta había en su cabeza que estaba comenzando a sentirse un idiota. Edward Cullen odiaba aquel sentimiento de inseguridad, de desprotección total. Así se sumió en un sueño que podría haber durado minutos u horas, no lo sabía. Sólo se despertó cuando escuchó un golpeteo en la puerta.

Alguien llamó a la puerta, obligándolo a alzar la cabeza.

- Adelante.

- ¿Edward?

Oh, no. No Alice.

La pequeña ingresó a la habitación tímidamente, sentándose a los pies de la cama. Edward se incorporó y se pasó una mano por el cabello y por el rostro.

- Alice, puedo hacerme una idea sobre el tema de la conversación que quieres tener, pero déjame decirte que ya he tenido suficiente por hoy - habló rápidamente - Por favor, evítame la culpa que tendré luego después de discutir contigo.

La muchachita rodó los ojos y se puso de pie.

- Eres un imbécil, ¿sabes?

Edward intentó ocultar su sorpresa con una fachada de cansancio.

- Sí, ya me lo habían dicho alguna vez.

Alice se fue y el muchacho volvió a acomodarse en su cama, donde perdió nuevamente la conciencia por tiempo indefinido. Cuando volvió a levantarse, la tranquilidad de la casa le pareció majestuosa. Acompañado de aquella extraña calma, se levantó y se dirigió al baño a darse una ducha caliente para despejarse un poco. Cuando acabó con ello, reconfortado por la sensación del vapor a su alrededor, abandonó el cuarto con una toalla amarrada a su cintura. 

Se dirigió a su habitación y tomó algo de ropa, decidido a buscar signos de vida por la casa. Como supuso, de cualquier forma, Bella se encontraba en la sala, con un libro entre sus manos y algunos papeles en la mesilla. Alice posiblemente estaba en su estudio o en su habitación.

- ¿He dormido mucho? - preguntó el joven, rascándose la cabeza.

- Unas dos horas.

Aún la conversación parecía incómoda entre ambos. Edward sabía que allí había muchos puntos que aclarar, pero no se atrevía a continuar lo que había comenzado. Con toda la fuerza de voluntad del mundo, sólo se atrevió a preguntar:

- ¿No me dirás nada sobre lo que dije ayer?

No necesitó aclarar nada. Bella sabía perfectamente a qué se refería.

- Yo… bueno… yo te he dicho como me siento al respecto, Edward - balbuceó.

El muchacho sintió como la frustración alcanzaba todos los rincones de su cuerpo. Se sentó junto a la joven Swan y la miró intensamente a los ojos. Él sabía a la perfección que la muchacha no era indiferente a su cercanía, pero no podía encontrar la manera de hacerle entender que era algo que sobrepasaba lo físico. Cogió su mejilla y sintió el cuerpo de su acompañante tensarse inmediatamente.

- Pero… yo te quiero, Bella - susurró él, en un nuevo y extraño ataque de sinceridad - ¿Cuántas veces voy a tener que decirte que tú no eres como las demás?

Bella no respondió. De hecho, no volvió a hablar con él hasta el viernes, día en que viajaban a Jacksonville. La muchacha había insistido para que él no fuera, pero Edward encontraba en el viaje no sólo una buena oportunidad para demostrarle a Bella que él siempre estaría cuando lo necesitara, sino también para huir de sus problemas y todos los asuntos pendientes que había dejado en New Haven.

El problema con Jasper y Alice lo traía de los nervios y no tenía una solución oportuna para ello. La negación no estaba funcionando, por lo que necesitaba pensar una buena forma de evitar que aquello se le fuera de las manos. Una locura como ese romance no podía estar sucediendo. Jasper tenía razón cuando decía que para el amor no había edad, pero todo cambiaba drásticamente cuando ese amor era el de tu mejor amigo con tu hermana menor, la que por cierto tenía cinco años menos.

Mientras atravesaban el aeropuerto Tweed, Edward se estremeció ante el pensamiento de Jasper y Alice juntos.

- ¿Tienes los calmantes? - preguntó Bella suavemente, una vez que ambos habían despachado el equipaje.

 - Sí, me los tomaré ahora para que hagan efecto.

Efectivamente, eso fue lo que hizo el muchacho cuando faltaban sólo minutos para que abordaran el avión. Cuando llegó al asiento que le correspondía, sentía su cuerpo flojo y unas enormes ganas de dormir, incluso cuando estaba inquieto por la idea de estar dentro de uno de esos horribles transportes. 

Escuchó el bullicio a su alrededor por tan sólo unos pocos instantes, ya que pronto el sueño comenzó a apoderarse de él, hasta el punto de sumirlo en la tranquilidad de la inconciencia.

Así pasó el viaje para él.

- Edward… Edward…

El muchacho se removió, intentando acallar aquella voz.

- Edward, hemos llegado.

- ¿Hm?

- Estamos en Jacksonville, Edward.

Oh, sí, el viaje. El muchacho se incorporó dificultosamente, encontrándose con el pálido rostro de Bella. Una sonrisa bobalicona se pintó en sus labios mientras intentaba ponerse de pie y coger el escaso equipaje de manos que ambos habían llevando, aún algo adormilado. Dando extraños tumbos por el corredor del avión, el joven Cullen logró bajar, escoltado por su joven y encantadora niñera. El sol de Jacksonville los recibió a ambos, invitándolos a salir del aeropuerto.

Después de realizar el trayecto hasta el hogar de los Swan, Bella y Edward cogieron sus cosas y esperaron frente a la puerta. Renée los recibió con una enorme sonrisa, proporcionándoles un gran abrazo a ambos. Edward, sorprendido por la actitud, le devolvió el gesto a la madre de Bella y pensó, por un instante, lo bueno que hubiese sido que la joven Swan hubiese heredado un poco más de aquel desenfado que su madre poseía.

- ¡Oh, Edward, qué bueno que hayas acompañado a Bella! - comentó animadamente la mujer, mientras ingresaban a la casa.

El muchacho pensó que aquello tenía un doble sentido. Sin embargo, la idea quedó eclipsada al pensar en la extroversión de Renée; posiblemente ella estaría feliz de recibir a cualquier persona que fuera allegada a su hija. Y quizás también a los que no lo fueran.

- ¿Papá está arriba? - preguntó rápidamente Bella.

Su madre asintió y los guió por el corredor que el joven Cullen ya había transitado en su última visita. Cuando llegaron al final, Renée empujó una de las puertas y Bella entró rápidamente. En la cama doble, el jefe Swan ocupaba el lado derecho, por lo que su joven hija se sentó de la izquierda y cogió su mano.

- ¿Cómo estás? - preguntó rápidamente la muchacha.

- Muy bien, hija - respondió él, y luego sus ojos se posaron en el joven intruso.

- Oh, papá, creo que recuerdas a Edward Cullen, ¿cierto? - balbuceó Bella incómodamente.

- Sí - aseguró él hombre, cortante, mientras lo observaba fijamente.

Edward quedó con la leve impresión que no era del agrado del jefe Swan, ni siquiera un poco. Afortunadamente, antes que el hombre pudiera atravesarlo con la mirada, el teléfono móvil del joven Cullen sonó y, excusándose rápidamente, el muchacho tuvo una excusa para salir de la habitación. Cogió el ruidoso aparatito de su bolsillo mientras se metía en lo que recordó como el cuarto de Bella, cuya puerta se encontraba abierta y perfectamente accesible. 

Las azules paredes lo envolvieron y le transmitieron cierta calidez por algunos instantes.

Cuando leyó el nombre en la pantalla, el muchacho suspiró antes de responder:

- Hola, Tanya.

- ¿Creo que me debes unas explicaciones, cierto? - preguntó, en un tono peligrosamente agudo.

Oh. ¿Por qué aquella frase le sonaba terriblemente familiar?

 Ah, cierto, la había escuchado una docena de veces en los últimos días.

- Rosalie Hale me ha contado algo particularmente interesante - murmuró Tanya, destilando veneno en cada una de sus palabras.

Edward suspiró. ¿Acaso la jodida novia de su amigo quería arruinarle la vida?

- ¿Cómo la conoces?

- Tenemos amigos en común.

Después de la seca respuesta de Tanya, ambos se quedaron en silencio. Edward comenzó a pasear por la habitación, pasando ocasionalmente las manos por su cabello y por su rostro. El libro de las respuestas improvisadas para salir de situaciones incómodas, que el joven Cullen parecía tener siempre bajo su brazo, estaba comenzando a fallarle en el último tiempo. Quizás el mismo no estaba preparado para tantos sobresaltos juntos en un período tan corto.

- No sé lo que se supone que debería decir en este momento - cuchicheó el muchacho, con total honestidad.


- ¿Que eres un idiota, quizás? - propuso la joven irónicamente.

- Lo soy —admitió. Ya se lo había dicho tanta gente, que realmente comenzaba a creérselo él también.


- ¿Dónde estás? - exigió Tanya con un gemido - ¡Quiero que hablemos cara a cara!

Oh, no, ¡él no caería en esa frase tan oportuna! Él conocía eso de arreglar las cosas cara a cara cuando chicas como Tanya Denali lo decían. Generalmente era algún tipo de sinónimo de «nos juntaremos, hablaremos e intentaré que de alguna forma u otra volvamos a liarnos». Edward realmente no quería volver a pasar por eso.

- Estoy en Florida, cuestiones personales - explicó formalmente. Paseó sus ojos por la habitación y se encontró con la mirada inexpresiva de Bella, de pie bajo el marco de la puerta - Debo cortar. Hasta luego.

- Pero…

El muchacho cortó la comunicación mientras se acercaba a la joven Swan; ya tendría tiempo de arrepentirse de ello luego. La joven ingresó a la habitación y se sentó sobre la cama, apoyando las manos sobre sus rodillas. Edward siguió su ejemplo y se sentó junto a ella, con el teléfono móvil aún entre sus manos. 
Los ojos de Bella se clavaron en él y, después de unos escasos segundos de observación, preguntó:

- ¿Era Esme?

El muchacho negó suavemente.

- ¿Alguna de tus novias? - preguntó, con un leve dejo de tímido sarcasmo.

Edward la observó a los ojos y por un momento creyó perderse en ellos. Entonces las palabras salieron naturalmente de su boca:

- Terminé con todas y cada una de ellas.

Bella lucía sorprendida, incluso cuando parecía estar intentando ocultarlo.

- ¿Cómo? - preguntó suavemente.

- Bella, no te he mentido cuando te he dicho que te quiero sólo a ti - aseguró Edward, incluso cuando le resultara difícil pronunciar esas palabras que se había negado a repetir.

- Yo… - ella realmente parecía bloqueada - Significa mucho.

Edward no comprendió del todo el significado de aquella frase, pero no pudo resistirlo más. La besó tenuemente en los labios, disfrutando del mínimo contacto entre ambos. Sin necesidad de apurar o intensificar las cosas, prolongó el suave y lento beso todo lo que pudo. Luego se puso de pie para salir de la habitación, con una extraña sensación en su estómago. De un momento para el otro, parecía que todos los problemas se habían esfumado. 

Cuando sus labios habían hecho contacto con los de Bella, el muchacho había sentido en su interior como todas las preocupaciones se alejaban a una velocidad asombrosa.

En sus últimos años de adolescencia, Edward Cullen nunca había pensado que un beso tan casto podría causarle tantas emociones.
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 Cap. 21  Sentido común y madurez.
"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta

"No llego a entender cómo, siendo los niños tan listos, 
los adultos son tan tontos"
.
Alice Cullen había estado bastante confundida durante aquella particular semana de fines de noviembre y principios de diciembre. Alice, la que siempre estaba un paso delante de todo el mundo, no podía terminar de comprender o que sucedía a su alrededor.

Y se sentía horrible.

La siempre alegre y activa muchachita se encontraba alicaída y ausente y su eterna sonrisa había sido reemplazada por una extraña mueca de fingido optimismo. Había demasiadas cuestiones en su pequeña y revoltosa cabeza que la tenían extremadamente preocupada y, al final de cuentas, todo se reducía a su terco hermano.

- Alice, ¿vendrás con nosotras? - preguntó Jane, una de sus compañeras de clase.

La pequeña negó.

- Mi hermano tenía entrenamiento hoy, así que iré a buscarlo al gimnasio - explicó rápidamente.

- De acuerdo, nos vemos luego, Al - se despidió Heidi, otra de sus amigas.

Alice hizo un gesto con la mano, para luego alejarse lentamente. Transitó los abarrotados corredores del instituto, completamente absorbida por la intensidad de sus pensamientos y aquellos complejos dilemas que pasaban por su mente. No era fácil conseguir una solución cuando sólo se conocía una parte del problema. Después de todo, Jasper no le había dado muchos detalles de la charla que había tenido con Edward y ella sólo conocía el punto de vista de quién de había convertido en su novio.

La primera sonrisa sincera del día se pintó en los labios de la pequeña después de aquel particular y alentador pensamiento.

Alice recorrió los corredores tan pronto como sus piernitas se lo permitían, impaciente por volver a ver esos ojos celestes que tanto la tranquilizaban y esa bondadosa y dulce sonrisa que Jasper tenía reservada sólo para ella. Cuando llegó a las puertas del gimnasio, Jasper la esperaba allí. Sin embargo, su hermano no se encontraba por ninguna parte.

- ¿Y Edward? - preguntó la pequeña, frunciendo el ceño y los labios.

- Él se ha ido antes - explicó rápidamente Jasper - Yo te llevaré.


El muchacho extendió su mano y la pequeña la cogió, con una enorme sonrisa en su rostro. Cualquier observador podría haber pensado que ellos no eran más que una pareja con un cariño de hermanos, pero la muchachita se regodeaba ante la idea de ser sólo ella la que podía recibir los abrazos de Jasper y algún ocasional beso. A pesar que quería a aquel muchacho con todas sus fuerzas, él era un caballero y el contacto físico entre ambos se limitaba a estrujarla entre sus brazos o a unir sus labios con los de ella en besos inocentes. Jasper parecía ir muy enserio cuando decía que él no esperaba nada más de ella que su compañía y su cariño.

El joven le abrió la puerta del automóvil caballerosamente y Alice se montó en el BMW. Su compañero pronto ocupó el otro asiento y, después de encender el estéreo, comenzó el trayecto de regreso a casa de los Cullen.

Sin embargo, otros planes rondaban por la mente de Alice.

- Oye, Jazz - preguntó la muchacha - ¿crees que podamos ir por ahí si aviso en mi casa?

El muchacho la miró de soslayo.

- ¿Ir por ahí?

- Sí, tú sabes, por ahí - respondió ella, como quien no quiere la cosa - A tomar algo, no lo sé.

El joven sonrió.

- ¿Tienes tu móvil?

La pequeña le regaló una enorme sonrisa antes de llamar a su casa. Quien atendió fue Bella y Alice le explicó rápidamente que estaría con Jasper. La joven Swan parecía levemente reticente a dejarla ir, pero la menor de la familia Cullen obligó a su compañero a prometer que la dejaría en casa antes de las seis de la tarde. Bella, que posiblemente había oído el juramento de Jasper gritando para hacerse escuchar, finalmente cedió.

Alice sonrió triunfal, mientras guardaba su teléfono móvil.

- ¿Quieres ir a Café George? - preguntó amablemente el joven Whitlock.

La joven volvió a sonreír y sacó una obvia conclusión: siempre que estuviera con Jasper, sería capaz de dibujar una sonrisa en los labios, sin importar cuán mal estuvieran las cosas a su alrededor.

La particular pareja se dirigió al excéntrico café, ocupando una mesa del fondo. Era un lugar bastante ruidoso, pero ambos se encontraban a gusto allí y a Alice realmente le encantaba el café que servían. Después de hacer su pedido, ambos muchachos se quedaron discutiendo sobre el color de las paredes. Para Jasper era bonito, aunque un poco llamativo; pero Alice insistía en que no era un tono adecuado para una cafetería.

- Supongo que tienes razón - apuntó Jasper con una sonrisa, después que ella expusiera sus razones - Tú eres el gurú de la moda aquí.

La pequeña soltó una suave risita, aunque luego se puso seria de repente, recordando el verdadero motivo por el que había llevado a Jasper allí.

- Jazz, ¿vas a contarme que has hablado con Edward? - preguntó, inclinándose un poco para darle a la conversación un tono más confidencial - ¿Ha sido tan malo que no puedes contármelo?

El muchacho se acercó un poco más a ella también, suspirando y luciendo una expresión algo cansada en su rostro.

- A él no le ha hecho mucha gracia la idea - aseguró - Hubiese preferido que no se tuviera que enterar así, pero por lo menos ya lo sabe…

- ¿Te ha dicho que no quería que estuviéramos juntos? - preguntó la pequeña, con su labio inferior sobresaliendo levemente.

El muchacho le sonrió con tranquilidad, cogiendo su mano sobre la mesa.

- No me importa lo que diga Edward, Allie - respondió - Lo quiero, pero puede ser un idiota a veces. Y yo quiero estar contigo.

La pequeña sonrió radiantemente.

- Además, también está bastante liado con todo ese asunto de Bella y sus otras chicas - agregó él - tú sabes.

La pequeña asintió, frunciendo el ceño profundamente. Esa era otra de las cosas que tenían llena de incertidumbre a la muchacha. Edward y Bella seguían metidos en aquel extraño triángulo amoroso que parecía tener ramificaciones por todos lados. No sólo habían tenido que esquivar a los Black y a quién sabe que otras chicas, sino que además los dos parecían lo suficientemente testarudos como para dar el brazo a torcer. Incluso cuando viajarían juntos, Alice dudaba bastante de los progresos que podían hacer entre ambos.

Con una pequeña sonrisita maquiavélica, decidió que echarles una mano no vendría mal.

- Esa expresión en tu rostro no me dice nada bueno - murmuró Jasper, intentando ocultar su diversión.

Alice batió sus pestañas angelicalmente y decidió guardarse sus ideas para comentarlas luego. Había mucho que planear si deseaba que todo saliera bien.

Después de aquel pequeño y agradable momento entre ambos, Jasper llevó a la pequeña a su casa. Alice, después de darle un sonoro beso en la mejilla, se bajó del automóvil y caminó rápidamente hasta la puerta de su hogar. Esperó allí hasta que Bella abrió, con una expresión contrariada en su rostro, que había llevado habitualmente durante los días anteriores.

Alice pasó toda la tarde en su cuarto pensando en posibles soluciones para todos esos problemas que se encontraban a su alrededor. La pequeña tenía una gran imaginación y un accionar convincente que la ayudaban a maquinar siempre los mejores planes. Aunque nunca se había enfrentado con algo tan complejo y delicado como aquello, la niña confiaba en que podría resolverlo… o por lo menos mejorarlo. Las cosas no podían estar peor de lo que ya estaban, por lo que tampoco estaba demasiado preocupada por las consecuencias que sus actos acarrearían.

La pequeña aprovechó el fin de semana en el que Edward y Bella pasarían en Jacksonville para pensar soluciones. Sin embargo, su actividad principal para sacar provecho a la ausencia de su hermano fue pasar con Jasper todo el tiempo posible. Juntos habían ido al parque, tomado helado, e incluso él se había ofrecido a acompañarla a su clase de ballet el domingo por la mañana. 

Alice no podía creer lo bien que le sentaba su compañía.

Entre la pequeña y Jasper había algo que iba mucho más allá de un enamoramiento mundano. Alice sentía una especie de predestinación entre ambos, algo que escapaba a los ojos de los demás y que sólo ellos dos podían comprender. Ninguno de los dos necesitaba pruebas físicas o palabras trilladas para demostrar lo que sentían, porque aquello estaba allí. Era algo extrañamente perceptible que ninguno de los dos podía evitar cuando se miraban a los ojos o se cogían de las manos. Con gestos como aquellos, conseguían unirse más y tener momentos más íntimos que muchas otras parejas ni siquiera conseguirían con los más intensos besos.

Su romance era algo natural, inevitable.

- ¿Te parece bien si vamos a comer algo o tu madre se molestará?

Ante la pregunta de Jasper, la pequeña sonrió. Estaban saliendo del estudio de ballet cogidos de la mano. El clima cada vez se volvía más y más frío, como insinuando que el invierno ya estaba por comenzar. La muchachita pensó su respuesta mientras Jasper le acomodaba la bufanda que traía mal puesta sobre sus hombros.

- ¿Por qué no vienes a comer a casa? - preguntó animadamente - ¡Podemos decirles a Emmett y a Rosalie también!, ¿te parece?

El muchacho sonrió.

- Es una buena idea.

Ambos se dirigieron en el auto del muchacho, que condujo hasta la casa de los Cullen. Alice le había avisado a su madre que Jasper la alcanzaría y, mientras se encontraban en el vehículo del joven Whitlock, la llamó para avisarle que tenían invitados. El muchacho, mientras la pequeña hablaba con Esme, se encargó de llamar a Emmett y Rosalie.

- Dicen que estarán aquí en media hora - comentó el joven, mientras aparcaba frente a la magnánima vivienda donde vivía la familia de Alice.

La muchachita bajó del auto dando saltitos, feliz antes la perspectiva de poder compartir un almuerzo con todos aquellos amigos de su hermano que se habían vuelto los suyos con el paso del tiempo. Su madre los esperaba en la cocina, preparando algo que olía bastante agradable. Jasper se ofreció a poner la mesa y la pequeña se disculpó para subir un momento y cambiarse sus ropas.

La llegada de Rose y Emmett no fue la única de la tarde. Mientras familia y amigos comían felizmente y conversaban entre ellos, Edward y Bella llegaron a la casa. La pequeña Alice notó que la tensión entre ellos aún estaba allí en el momento en el que el joven le pidió a su compañera que le dejara cargar el equipaje hasta el piso superior. Evidentemente los dos estaban cansados por el viaje y querían cambiarse antes de comer.

Alice se levantó de la mesa dando alegres saltitos y siguió a su hermano y su niñera escaleras arriba. Edward se dirigió a su habitación, pero Alice cogió la mano de la joven Swan y la arrastró hasta su propio cuarto. La pequeña obligó a Bella a sentarse en su cama y la miró con una enorme sonrisa en su rostro.

- ¿Qué tal estuvo el viaje? - preguntó con una gran sonrisa.

- Bien.

La respuesta de Bella era seca e inexpresiva, por lo que Alice alzó una ceja.

- Define «bien».

- Estuvo bien, Alice - explicó ella - Mi padre está a salvo, tendrá que guardar reposo.

- Me alegro - replica la niña, con una gran sonrisa - ¿Y Edward?

- Ha sido una buena compañía.

Alice sabía que podía sonsacarle cualquier cosa a quien quisiera, pero suponía que nada demasiado interesante había pasado entre Edward y Bella. A juzgar por la expresión de la muchacha y por la relación tensa que ella y su hermano seguían compartiendo, las cosas parecían no haber cambiado después del viaje. Sin embargo, eso no tenía por qué ser un estado definitivo. La pequeña se encargaría de modificar esa horrible relación indefinida, aunque tuviera que hacer las cosas menos pensadas.

Un disco que la misma Alice había grabado de su ordenador reposaba sobre el equipo de música y le dio una pequeña idea para comenzar con su plan, por lo que corrió hasta allí. Bella se encontraba lo suficientemente lenta como para preguntar algo antes que la pequeña ya hubiese alcanzado lo que deseaba. Cuando presionó el botón para que la canción que quería comenzara, se volvió hacia Bella.

- Escucha - pidió la pequeña, con una gran sonrisa - Es de mi banda favorita.

- ¿Tú banda favorita? - preguntó Bella poniéndose de pie y cogiendo la caja del disco, con una mueca casi despectiva en su rostro.

- No quiero correr, pero cada vez que estás a mi alrededor me siento más viva que nunca… - cantó Alice. Hizo una pausa, mientras la voz de la cantante seguía sonando de fondo - Quizás eres demasiado joven…

Mientras la canción seguía sonando, la pequeña sintió una penetrante mirada sobre ella. Los ojos de Bella la estudiaban con cierta suspicacia, habiendo captado el obvio mensaje que intentaba darle.

- Y no quiero hacer que esto se vaya…

 - Alice, déjalo - pidió Bella - No va a funcionar.

De alguna forma, la turbada expresión en el rostro de su niñera le dijo a la pequeña que funcionaría en algún punto. Quizás no de manera directa, pero todo empujoncito colaboraba a unir más a aquella particular pareja.

- Llévatelo - pidió la pequeña y prácticamente la obligó a coger el disco.

Bella, a regañadientes, cogió la caja.

La joven Swan se fue a casa después de un tenso almuerzo. Rosalie parecía querer abofetear a Bella o algo por el estilo, mientras Emmett dejaba un brazo por sus hombros, sólo por si acaso. Edward estaba también formando parte de la escena, fulminando con la mirada constantemente a la novia de su amigo y pasando por completo de Jasper. Los señores Cullen no entendían muy bien a qué se debía la tensión en el ambiente.

Oh, sí, había sido una comida encantadora.

La pequeña se encargó de ayudar a las mujeres con la mesa y fue testigo presencial de aquel extraño juego de miraditas que intercambiaban su hermano y su novio. Con una sensación en el pecho que rozaba la furia, decidió que necesitaba hacer algo urgentemente con ese asunto.

Cuando los invitados dejaron la casa, lo primero que hizo fue coger a su hermano de la manga de la chaqueta y llevarlo escaleras arriba. Edward no opuso resistencia, porque probablemente sabía cuál sería el tema de conversación. De hecho, la pequeña creía también que era muy probable que el joven Cullen se hubiese dado cuenta de su idiota actitud. Miraba a Jasper de mala manera, se mantenía callado y extrañamente serio; pero algo en su expresión decía que él la estaba pasando tan mal como todos los demás con aquella pelea.

Edward se sentó en la cama de su hermana y observó a la pequeña con una expresión que parecía de aburrimiento. Sin embargo, Alice no se dejó engañar por eso. Conocía lo suficiente a su hermano como para saber cuán bueno era ocultando sus emociones.

- Tú sabes que necesitas arreglar las cosas - le espetó la pequeña, poniendo la manos en sus caderas.

Edward ladeó la cabeza.

- No hay nada que hacer, Alice - murmuró - No puedo evitar estar molesto.

La pequeña suspiró, sabiendo que aquello sería todo menos fácil.

- Vamos, Edward, ¿cuántas veces te ha ayudado Jasper? - el muchacho no respondió, por lo que su hermana prosiguió - Él siempre ha estado para ti cuando tuviste algún problema amoroso, cuando querías conseguir a alguna chica, cuando necesitabas huir… Jasper nunca te ha abandonado.

- Eso no justifica que él me haya ocultado su relacion - intervino Edward - ¡Si tanta confianza me tiene, podría habérmelo contado!

- Las cosas no son tan sencillas - susurró la pequeña, agachando la cabeza - por eso lo hemos ocultado.

- ¿A qué te refieres con eso de que las cosas no son tan sencillas? - preguntó el joven Cullen, con un tono de impaciencia en su voz - ¿Por qué no dijiste nada?

- Porque no sabemos que será de nosotros -la voz de la pequeña sonaba decaída, tan triste como se sentía.

- ¿Qué?, ¿por qué?

- Porque Jasper ha conseguido la beca en Harvard que tanto quería - explicó la niña sepulcralmente - Debe irse a Massachusetts el año entrante.

Edward parecía realmente sorprendido cuando Alice soltó aquellas dolorosas palabras. El joven Cullen debía estar al tanto de los planes de su amigo de convertirse en un prestigioso abogado, mas la pequeña podía apostar que no tenía ni idea que, de hecho, Jasper había conseguido la primer parte de su propósito: obtener una beca en una de las universidades más prestigiosas del país.

Después de aquella conversación, todo había quedado lo suficientemente tenso como para siquiera seguir discutiendo sobre ello. Edward se había retirado a su habitación, alegando estar bastante cansado, y Alice había decidido telefonear a Jasper y contarle la reciente conversación con su hermano. Después de todo, la pequeña había soltado un secreto que los involucraba a ambos y creía que él también debía saberlo.

Fue hacia la noche cuando las cosas tomaron un giro inesperado en casa de los Cullen. Esme había ido a realizar unas rápidas compras para la semana, acompañada de Carlisle, aprovechando su único día libre. Edward había estado encerrado en su habitación toda la tarde, mientras la pequeña había utilizado el tiempo libre para realizar deberes y tareas que debía presentar. Estaba leyendo el libro de texto de historia, cuando el timbre de la casa sonó. La muchachita corrió alegremente, pensando en recibir a sus padres con un gran abrazo, mas se sorprendió al encontrarse a una sola figura tras la puerta. Una figura alta, rubia y con adorables ojos celestes.

- ¡Jazz! - exclamó, saltando a sus brazos - ¿Qué haces aquí?

- Quería hablar con Edward - respondió seriamente.

Alice sonrió ante la caballerosidad y valentía que el joven siempre presentaba.

- Lo llamaré.

Alice cumplió con su promesa y cogió a su hermano de improviso por segunda vez en el día. El muchacho, que estaba escuchando música acostado en su cama, se limitó a caminar tras ella y Alice pudo ver la sorpresa cuando se encontró con Jasper, sentado en el sofá del living. La pequeña se sentó junto al rubio, mientras Edward ocupaba un puesto individual.

- Alice te lo ha dicho…

El joven Cullen asintió en silencio.

- ¿Qué piensas hacer? - preguntó Edward.

- He estado comiéndome la cabeza en estos días y quizás sea una solución algo drástica pero… - la voz del joven Hale se fue apagando levemente.

Miró a Alice y la pequeña cogió su mano, incitándolo a continuar. Cualquier solución que Jasper hallara iba a parecerle bien; él siempre había sido una persona sensata y confiable, dispuesta a resolver los problemas con inteligencia y exceso de sentido común. Ella le hubiese confiado su vida, porque sabía que Jasper no dudaría en protegerla a conciencia.

- Quiero comprometerme con Alice.

Edward se puso de pie violentamente, mientras los ojos de Alice se abrían de par en par.

De todas las soluciones, no esperaba aquella. Sin embargo, cuando aquellos hermosos ojos claros se posaron en los suyos, no pudo evitar sonreír ampliamente.

Después de todo, era Jasper. Siempre sería Jasper.

11 comentarios:

Erzébeth dijo...

Me ha encantado, pero no creo que pueda aguantar unos días sin leer el siguiente, está muy interesante. Besos.

Cruz de plata dijo...

.________. Demaciadas emociones!!!! los capitulos estan GENIALEEES, no se que decir, lo unico que puedo asegurar es que la historia esta cada vez mejor!!
Apenas actualices leere los siguientes!!
Cuiidate muucho!!

Erzébeth dijo...

Por favor publicar pronto el próximo capítulo, porque lo llevo esperando casi un mes y no puedo aguantar más.

Erzébeth dijo...

Por favor publicar pronto el próximo capítulo, porque lo llevo esperando casi un mes y no puedo aguantar más.

MaRiia dijo...

Dos años en el mundo blogger!! Gracias por estar conmigo :) http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2011/11/2-anos.html

Capítulo 1 de Así es la Vida http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2011/11/asi-es-la-vida-capitulo-1.html

Capítulo 22 de Solos tu & yo http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2011/11/solos-tu-yo-capitulo-22.html

step dijo...

plisssss. publica no tardes tanto

yessik dijo...

holaaaaa cuando sera que actualizas---

Erzébeth dijo...

Publica pronto porfa!!!!!!!!!q estoy desesperada de la intriga.

andreina dijo...

hola.... 2012 y nada que sabemos de tii? abandonaste el blogs

lunita dijo...

hola Astrid! pasaba a saludar y a avisar que en mi blog tengo nuevos capitulos de "el visitante nocturno" :) deja un comentario si te gustan! un beso! http://moon-lover7.blogspot.com ♥

Anónimo dijo...

hey de verdad estoy desesperada llevo mucho esperando y nada.... si sbandonas te el blog dinos y asi dejar de buscarte a diario abro el blog desde los ultims tres capitulos y nad estoy desepcionada.... y se que traajas yo lo hago pero siempre estoy pendiente de mis pajinas