FanFic

Algunos de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, podre unir mi vida al hombre de mis sueños, Edward.

lunes, 6 de febrero de 2012

22. El miedo y sus limitaciones

Un cap mas de esta linda historia... Sorry por esperar tanto en actualizar!!!


"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta


"En materia de amor, demasiado es todavía poco"

Confundida. Esa era la mejor palabra para definir el estado en el que Bella Swan se encontraba desde su viaje a Jacksonville. Todo sobre Edward Cullen le resultaba dudoso, ya que en todo el tiempo que había pasado con él, se había dado cuenta que era un jugador y un astuto mentiroso. Sabía que había roto corazones en todo New Haven y que su lista de chicas era de lo más extensa. Angela le había dicho que el orgullo le evitaba ser caballero, que no tenía intensiones de compromisos, y ella misma se había cerciorado de aquello.

Sin embargo, Bella sabía que algo había cambiado en él.

Desde hacía un tiempo, el Edward Cullen que ella creía conocer había mostrado una faceta que nunca había visto. No sólo se comportaba educadamente con ella, sino que sus sonrisas arrogantes y sus vulgares métodos de conquista habían sido reemplazados por besos dulces y palabras llenas de significado. No parecía un cambio de estrategia, sino más bien un cambio de mentalidad. 

En Jacksonville se había portado como un auténtico hombre: no sólo le había dado el espacio que necesitaba para estar con su padre, sino que además le había demostrado su apoyo en gestos sencillos y carentes de toda esa insolencia que en algún otro tiempo había sido como su marca registrada. No era el mismo Edward Cullen de hacía algunos meses, sino que poco a poco había comenzado a dejar ver una personalidad completamente diferente.

Y aquello aterraba a la joven Swan. ¿Por qué? Simplemente porque aquel Edward le gustaba diez veces más que aquel muchachito consentido y rompecorazones que había conocido en septiembre.

Bella suspiró, mientras cogía sus apuntes de filosofía, obligándose a si misma a enfocarse en sus clases. Si seguía con aquel estado de inconciencia en cada una de las lecciones, acabaría por reprobar todos los exámenes que se le avecinaban.

- Hey, Bells - llamó Angela durante el almuerzo - creo que ya sé a dónde podemos ir de Viaje.

Bella recordó la propuesta de viaje que su amiga le había hecho hacía poco. El pasaje de improviso a Jacksonville había bajado un poco sus ahorros pero, si las ideas de su amiga no eran demasiado pretenciosas, podría costear unas bonitas vacaciones de invierno. Había estado trabajando arduamente durante los últimos meses y la joven sentía que se lo merecía. 

Soportar a los Cullen no había sido trabajo fácil, después de todo, y necesitaba tomarse un buen receso de toda la locura.

- ¿Cuál es el plan?
- Greenwich - comentó Angela, con una gran sonrisa - Los tíos de Ben tienen una casa en Tamarack y, como han decidido pasar la navidad en Canadá…

- Oh - soltó, mientras salían de su clase - ¿Y eso dónde queda?

- Ah, está a más o menos una hora de aquí - explicó - y nos ahorraremos el alojamiento. Quería salir de Connecticut, pero me pareció una oferta difícil de rechazar. Me ha dicho Ben que es una casa preciosa.

La muchacha sonrió. Sonaba mejor de lo que esperaba.

- Genial.

Angela entretuvo a la joven Swan durante todo el almuerzo, contándole todas las cosas grandiosas que Ben le había dicho sobre la magnífica casa de sus tíos dentro de aquel barrio privado. Aparentemente no sólo tendrían los lujos de una bonita casa rodeada de árboles, sino que además podrían disfrutar de las amplias hectáreas llenas de verde, los edificios comunes y un sin fin de actividades, tanto al aire libre como nocturnas. Tenían todo allí adentro y, en caso que se aburrieran, podían coger el auto y conducir hasta la ciudad, que no quedaba a demasiadas millas de allí.

Bella salía de la universidad con una sonrisa, pensando en unas agradables vacaciones antes de ir a Jacksonville y pasar un poco de tiempo de calidad con su familia. Al parecer, sería un buen receso invernal… Sin embargo, la felicidad nunca puede ser completa. Aquello quedó confirmado para la joven Swan cuando Angela soltó:

- Ah, por cierto, Jessica nos ha invitado a la fiesta de cumpleaños de Mike.

- Disculpa, ¿qué?

- Jessica, Mike, pareja, cumpleaños - explicó, ante el evidente bloqueo mental de su amiga -  El padre de Mike es dueño de este gran club de golf - contó, estirando pomposamente las palabras, posiblemente como Jessica debía haberlo hecho - y hará una fiesta por su cumpleaños.

Bella soltó un suspiro de fastidio y pensó que las cosas no podrían ponerse peor, por lo menos hasta que Angela agregó:

- Ah, Edward también está invitado.

Después que las noticias aplastaran cruelmente a su entusiasmo vacacional, la joven Swan condujo, como todas las tardes, hacia la casa de los Cullen. Cuando llegó, espero a que Esme le abriera la puerta, que se despidió rápidamente de ella, con la usual sonrisa radiante que su pequeña hija había heredado. La muchacha ingresó a la casa y, mientras dejaba sus cosas en la sala, Alice apareció, siempre llena de energía. Sin embargo, era inevitable ver el brillo en sus ojos. Si se hubiese tratado de cualquier otra persona, Bella hubiese jurado que se encontraba bajo los efectos de alguna sustancia alucinógena.

- Alice, ¿cómo estás?

- Oh, Bella, ¡tengo tantas cosas que contarte!

Efectivamente, la pequeña no mentía cuando decía eso. La joven Swan casi se cae de la silla - literalmente hablando, ya que había tropezado con la alfombra al intentar ponerse de pie de la sorpresa - cuando su compañera soltó la noticia sobre un potencial compromiso. 

Antes que Bella se volviera loca y empezara a soltar preguntas disparatadas en medio de la conversación, Alice le explicó cuál era la situación en la que se encontraban, hablando sobre Jasper y su cupo en una universidad tan prestigiosa como Harvard. Todas las preguntas dieron paso a la comprensión, incluso cuando no podía hacerse a la idea de un compromiso de una niña que sólo tenía doce años. En medio de toda la historia llena de flores y colores, la joven Swan interrumpió a la soñadora Alice con una resuelta pregunta:

- ¿Cómo ha reaccionado Edward?

Alice llevó una mano a su barbilla, con una expresión pensativa.

- De hecho, creo que no ha reaccionado - explicó la pequeña - Se quedó de piedra.

- ¿Eh?

- Sí, se quedó de piedra por unos cuantos minutos, y luego comenzó a gritarle a Jasper, diciéndole que estaba loco y que tendría que arreglárselas con mis padres y no sé que tantas cosas más. Ahora, sin embargo, parece como si simplemente estuviese ignorándolo. De alguna forma, está actuando como si Jasper nunca hubiese dicho nada…
  
Bella se guardó sus comentarios, sobre todo porque pensaba que Edward estaba un poco en lo cierto. No era que la joven Swan tuviera prejuicios contra las uniones de por vida ni nada parecido - o quizás sí, pero no iba al caso - pero creía que dos jóvenes adolescentes con tal diferencia de edad no podían saber lo que les deparaba el futuro. 

No era como si las cosas salieran siempre a la perfección, sobre todo teniendo una diferencia de edad tan importante. Bella, más que nadie, era conciente de ello.

La pequeña Alice pareció leer su expresión, porque dijo:

- Bella, yo sé que suena extraño, pero era justo lo que necesitábamos - aseguró Alice - En el peor de los casos, un compromiso puede romperse; pero, por lo menos, nos dará la posibilidad de intentarlo sin que nadie lo impida.

Al escucharla, la joven Swan volvió a sentir como si estuviera hablando con una muchacha mucho mayor. Después de todo, quizás Alice tenía razón, aunque la suya fuera una lógica muy particular y retorcida. Por lo menos, ella estaba dándole una oportunidad a lo que sentía, y la admiraba por ello.

Aquel pequeño asunto dio vueltas en la cabeza de la joven Swan durante todo el día y algo le decía que también lo estaba en la cabeza de Edward. Después de todo, no era algo usual que el joven Cullen se encontrara ausente y que sus persistentes miradas se limitaran a vistazos ocasionales cuando se encontraban en la misma habitación.

Bella, a pesar de tener repetidas oportunidades, no pudo transmitirle a Edward aquella invitación pendiente que Angela le había comunicado. Aquel asunto que traían entre ellos era lo suficientemente incómodo como para hablar como dos buenos amigos y hacer planes de fin de semana. 

Sabía que las invitaciones de Jessica eran difíciles de rechazar, y la muchacha pensó que posiblemente necesitaría un poco de diversión y distensión antes de sus últimos exámenes. Sin embargo, tener que soportar otra noche la presencia cercana de Edward no estaba entre sus planes.

Por eso, la joven Swan volvió a su casa esa noche de lunes sin haber cruzado otra palabra con Edward. Después de todo, aún no sabía exactamente como responder a los sentimientos que aquel muchacho había declarado tener por ella. Todo era realmente confuso para encontrarle una solución rápida, y los exámenes eran la prioridad dentro de su cabeza.

Mientras dejaba sus cosas sobre una silla, Bella halló el disco que la pequeña Alice le había prestado. Casi de forma inconciente, se dirigió al equipo de audio y lo colocó dentro. La joven hizo una mueca cuando la voz femenina comenzó a hacerse oír por el apartamento. Hubiese deseado que la pequeña confundiera su querida canción con aquella de los Smashing Pumpkins que llevaba un nombre bastante parecido.

Mientras se preparaba una taza de té, Bella pensó que, de hecho, la letra era bastante oportuna. Su inseguridad era lo que les estaba causando tanto problema. Por mucho que le costara admitirlo, todo tenía que ver con aquel miedo idiota que sentía cada vez que estaba alrededor de Edward. Se sentía vulnerable, como si él pudiera escapar en cualquier momento y dejarla sólo con un par de ilusiones rotas. Estaba cansada de ser una cobarde, pero no podía hacer nada para evitarlo.

Con aquella voz dando fuertes alaridos a través del equipo, la joven Swan cogió su teléfono móvil en un acto de valentía. No pensó demasiado lo que hacía y simplemente esperó los tonos, hasta que una voz cansada la atendió del otro lado.

- ¿Bella?

Aquello fue el regreso a la realidad de la joven Swan y, por unos instantes, sintió la necesidad de terminar la llamada. Sin embargo, pensó que aquello sería aún más cobarde que lo que su retraída personalidad le permitía, por lo que dio un gran suspiro antes de soltar de sopetón una invitación de la que posiblemente se arrepentiría al instante:

- Edward, me preguntaba si querías ir este sábado a una fiesta de la universidad conmigo.

Oh, sí, ya podía sentir el arrepentimiento.

- ¿El sábado? - preguntó el muchacho, con un poco más de vida en su voz - Es el partido. Podrías venir y podríamos ir desde allí, de…

- Edward - cortó la joven - No creo que sea buena idea. Si lo deseas… bueno, te paso a buscar después del partido, ¿vale?

- De acuerdo.

La conversación finalizó con una rápida e incómoda despedida, aunque la joven Swan sintió que, de alguna manera, había destrozado un poco de su cobardía de forma efectiva. Con aquel tonto y reconfortante pensamiento dentro de su cabeza, se quedó leyendo algunos apuntes en su cama, hasta que se quedó profundamente dormida.

La semana de Bella pasó de una forma bastante similar a ese lunes. Estuvo tan ocupada estudiando que ni siquiera tuvo tiempo de preocuparse por Edward, la fiesta y otras cuestiones que llegaban a su mente ocasionalmente. Alice y su hermano parecían haber plasmado su desacuerdo con el asunto de Jasper en una especie de silencio sepulcral, por lo que la casa de los Cullen era un lugar mucho más tranquilo aunque también bastante más tenso.

A pesar de todo, aquello sirvió a la joven para realizar sus trabajos, releer sus apuntes y ocuparse de los dos muchachos con un poco más de tranquilidad.

Sólo el sábado por la mañana las cosas variaron un poco, porque Alice se ofreció a prepararle un atuendo a Bella para la fiesta. Como la joven Swan no deseaba que la pequeña siguiera regalándole cosas, decidieron ir al centro comercial y comprar todo hecho. Alice, que parecía no poder poner alguna excusa lo suficientemente buena como para rechazar una visita a las tiendas, se ofreció alegremente a acompañarla en sus compras.

- Vamos ahí - pidió Alice, señalando una gran tienda - Tienen unos vestidos preciosos.

Estuvieron alrededor de una hora y media dentro de aquel local, y por supuesto que no fue por culpa de Bella. Alice no dejaba de pasarle vestidos, hacerle probar accesorios y observarla por todos los ángulos cada vez que se probaba una prenda. Finalmente, cuando Bella ya se sentía como si hubiese corrido una maratón, la pequeña decidió que aquel era el vestido adecuado: un poco por arriba de las rodillas, negro azulado y con un encantador escote cruzado. La muchacha también pensaba que era el indicado, sobre todo porque tenía un saco y un par de zapatos bajos que podrían quedar bien con él.

- Y yo puedo prestarte un collar que irá de maravilla - aseguró la muchachita, mientras abandonaban la tienda con las compras ya hechas.

Cuando volvieron a casa de los Cullen, Edward y Emmett se encontraban despatarrados en el sofá de la sala, mirando un partido de básquetbol y teniendo una discusión sobre lo que parecía ser potenciales jugadas. Casi no repararon de la presencia de las muchachas, hasta que a Bella se le ocurrió carraspear suavemente. Los dos amigos volvieron su mirada hacia la puerta. Alice hizo un rápido saludo y desapareció por las escaleras, aparentemente siguiendo con aquella idea de hacerle el vacío a su hermano. 

Bella hubiese dicho que era una actitud algo inmadura, de no ser porque ella había estado haciendo lo mismo prácticamente desde que había conocido a Edward Cullen.

- ¿Quieren algo para comer? - preguntó la joven Swan.

- Oh, sí, ¡tenemos que estar fuertes para esta noche! - exclamó Emmett.

Edward sólo sonrió y lo secundó con un asentimiento de cabeza. La expresión en su rostro provocó que Bella dudara si aquella frase abarcaba sólo el momento del partido.

Los Cullen volvieron a marcharse temprano, como la última vez que Edward había jugado. Bella les deseó suerte a ambos muchachos, intentando no detenerse mucho en el joven Cullen. Alice también la saludó, entregándole una bolsa roja. Bella la cogió, confundida, y tomó también la que contenía su vestido nuevo. Salió junto con la familia de la casa y se despidió de ellos mientras subía a su monovolumen.

Cuando llegó a su casa, la joven Swan perdió algo de su tiempo relajándose bajo la cálida ducha, intentando prepararse mentalmente para una de esas fiestas que tan bien conocía. 

Después de estar más de media hora dentro del baño, la muchacha salió y se puso un conjunto de ropa vieja y se preparó algo para comer; no deseaba mancharse aquel nuevo y precioso vestido en uno de sus tantos descuidos. Eran alrededor de las diez de la noche cuando comenzó a cambiarse y a arreglarse y recién a las once menos veinte abandonó su apartamento, cogiendo abrigo, bolso y llaves, además de algo de dinero y el teléfono. 

Montada en su monovolumen, encendió la calefacción y dejó todas sus cosas esparcidas por la cabina.

Unos pocos minutos después de las once, la muchacha aparcó frente al Hadem Hall y se dedicó a esperar a su compañero. Poco tiempo después, mientras la joven Bella escuchaba atentamente una canción de la radio, Edward llegó corriendo hasta el automóvil. Venía vestido con unos tejanos oscuros y una camisa abierta sobre una camiseta, como si realmente hubiese pensado en un atuendo después del partido. Su cabello estaba húmedo y despeinado, y no era difícil adivinar que había salido corriendo de la ducha.

Cuando alcanzó el monovolumen, su respiración era agitada y una sonrisa alegre bailaba por sus labios.

- ¡Hemos ganado!

La joven Swan sonrió tenuemente, mientras Edward se montaba del lado derecho de su camioneta. El muchacho se acomodó en el asiento y la observó por unos instantes, mientras Bella metía la llave en el contacto.

- Ese vestido te queda de maravilla.

La joven Swan apretó las manos al volante y murmuró un suave agradecimiento, intentando que sus mejillas no tomaran el color de la pintura de su camioneta.

En el Club Orange Hills quedaba a unos cincuenta minutos del instituto de Edward. El joven Cullen, al poco tiempo de viaje, había cogido un disco al azar de la caja del salpicadero. Su elección había resultado ser uno de los álbumes más conocidos de The Cure, por lo que la joven Swan se había entretenido todo el viaje tarareando melodías. Casi sin darse cuenta, habían alcanzado el club donde se realizaba el evento.

El ambiente festivo era el usual en ese tipo de planificaciones. Bella ya estaba totalmente acostumbrada a las ostentosas fiestas, llenas de pomposos y descontrolados invitados que sólo buscaban un poco de diversión extrema antes de volver a la rutina semanal. Los grandes terrenos de verde, que normalmente eran utilizados para jugar al golf, estaban iluminados por focos de colores y se había formado una especie de pista de baile gigantesca. Grandes mesas se ubicaban bajo una zona de árboles y la música salía a borbotones por todos lados, envolviendo a la gente en un ambiente ruidoso y lleno de euforia.

Bella, sin pensarlo demasiado, cogió a Edward de la mano y lo arrastró entre la multitud, buscando algún rostro conocido que la salvara de aquel suplicio. Afortunadamente, Angela parecía tener un radar para hallarla, porque llegó a Bella antes que ella pudiera siquiera darse cuenta.

- ¡Que bueno que han venido! - exclamó, mientras Ben llegaba a su lado y les regalaba una sonrisa -  Este lugar está de muerte.

El entusiasmo de Angela era excesivo, pero suponía que todo el mundo debía tener la misma felicidad que ella por allí. Era una fiesta con alcohol, música, luces y hormonas, por lo que no se podía esperar menos. La joven Swan, esperando que un milagro ocurriera y que las cosas se tornaran realmente divertidas, fue a coger una bebida. No necesitó volverse para saber que Edward la seguía desde cerca, incluso cuando había soltado su mano hacía ya unos cuantos minutos.

- ¿Por qué tienes esa cara? - preguntó el muchacho.

Bella, que estaba estudiando cuidadosamente las bebidas que se encontraban sobre una de las tantas mesas, se volvió para observarlo. Los ojos verdes de Edward brillaban en diferentes tonalidades bajo las luces de colores.

- No me gustan estas cosas - aceptó, cogiendo un vaso de… algo.

- ¿Por qué?

- Son aburridas - respondió la joven al instante.

Dio un trago a lo que había cogido, que resultó ser algún jugo mezclado con algo de sabor fuerte y amargo, que le quemó la garganta al instante.

- Eso es porque tú te empeñas en hacerlas aburridas - apuntó Edward, mostrando un poco aquella vieja sonrisita de conquistador - Podrías divertirte muchísimo si sólo le dieras una oportunidad.

La joven lo miró, con una ceja alzada.

- ¿Cuál es tu idea de diversión, Patch Adams?

Edward rió alegremente, mientras la cogía de la mano. Mezclándose entre la multitud, el joven Cullen se llevó dos cervezas de arriba de la mesa y después salió de allí, aún sosteniendo su mano. Empezaron a alejarse de los invitados con paso rápido, metiéndose en una zona más oscura, que iba en subida. El muchacho continuó ascendiendo, como si conociera perfectamente el camino, y tomó un par de curvas que confundieron bastante a Bella, metiéndose por una zona de árboles bien altos y frondosos. Cuando la muchacha estaba por preguntar a dónde demonios estaban yendo, Edward soltó su mano y se quedó de pie al borde de lo que parecía ser el final del camino. Una pequeña cerca indicaba que no había más tierra delante y, frente a ellos, había una hermosa vista de un lago. La joven Swan se acercó maravillada, admirando el reflejo de las lucecitas de colores sobre el agua.

- ¡Es hermoso! - exclamó la muchacha. Se volvió para observar a su compañero, de pie detrás de ella - Pero ¿cómo…?

- Solía venir aquí con mi padre cuando era chico - explicó, encogiéndose de hombros - Jugábamos al golf los fines de semana.

Ambos se quedaron en silencio y Edward se ocupó de abrir las cervezas con el borde de la cerca. Le pasó una a Bella sin decir palabra y ambos compartieron aquel mutismo mientras observaban el bello paisaje que se presentaba frente a ellos. La joven Swan giró su rostro cuando se sintió observada y, efectivamente, los ojos verdes de Edward estaban sobre ella.

- ¿Qué?

- ¿Realmente no has considerado todo lo que he dicho y hecho en este último tiempo?

El joven parecía relajado, a diferencia de Bella, que jugaba con la botella de cerveza entre sus manos. Apuró un trago, mientras Edward dejaba la suya sobre la hierba.

- Yo…

- ¿Tú…?

La joven Swan no continuó la oración; simplemente se acercó un poco más a su compañero, sin ningún propósito definido. Edward, sin embargo, parecía muy bien saber qué deseaba hacer en aquel momento, porque la cogió del antebrazo y tiró de ella, haciendo que chocara contra su cuerpo. Los labios del joven Cullen tomaron los de ella, abrazándola fuertemente por la cintura y levantándola un poco del suelo. La muchacha sintió que todo alrededor daba vueltas, literalmente hablando, y pronto sintió la superficie de un árbol contra su espalda. Quiso separar sus bocas, realmente quiso, pero Edward tenía mucho más fuerza que ella y sólo consiguió que alejara su rostro, luciendo una mueca escéptica.

- ¿Realmente te vas a resistir aquí? - preguntó Edward, con voz ronca.

Los movimientos del adolescente parecían felinos frente a los ojos de la joven Swan; un hambriento león que iba a por su presa, disfrutando de la cacería. La muchacha se pegó más al tronco del árbol, sin pensar lo estúpido que aquello parecía, y Edward la acorraló entre la superficie irregular y la calidez de su cuerpo, armando una fuerte jaula con sus brazos. 

Bella observó las palmas del muchacho apoyadas contra la madera, pensando en alguna forma de escapar y retomar el ambiente normal entre ambos. Sin embargo, cuando los labios de Edward comenzaron a trazar suaves caminos sobre su cuello, la joven perdió un poco el hilo de sus pensamientos y comenzó a olvidarse poco a poco de su propósito. Desde hacía ya bastante tiempo, la joven Swan había notado lo difícil que le resultaba resistirse a Edward. 

Aunque le costara horrores admitirlo, Bella sentía que algo demasiado fuerte tiraba de ella cada vez que el joven la besaba, la tocaba, o incluso cuando simplemente la miraba. Era casi masoquista intentar separarse todo el tiempo de él cuando aquello era tan perfecto.

Los labios de Edward sobre su cuello; la sensación cálida del alcohol en su pecho; las manos del muchacho sobre su piel, trazando lentos e incandescentes caminos por sus brazos y su espalda. Era demasiado. Bella volvió a oponer resistencia. Cuando el muchacho se separó de ella nuevamente, su rostro no lucía tan amigable como antes. Más bien, parecía completamente frustrado.

Y la joven Swan sabía que tenía motivos.

- ¿Por qué haces esto, Bella? - preguntó, frunciendo el ceño - ¿Por qué, simplemente, no puedes dejar que las cosas sigan su curso?

- Porque te quiero - murmuró la muchacha - y no quiero que, cuando pase la fascinación, simplemente te aburras de mí.

Las palabras sorprendieron a la joven Swan tanto como a su compañero. Nunca había pensado en ello tan claramente hasta que había dejado escapar sus preocupaciones en esa pequeña frase. Quizás, si hubiese cavilado más al respecto, lo que quería decir no hubiese salido tan claro. Era justamente lo que le sucedía y no había tenido que pensar mucho para expresarlo. Había sido honestidad pura.

Todas esas excusas que había puesto entre medio de ellos no eran más que consecuencias del miedo que sentía a ser abandonada. Ese absurdo asunto de las diferencias de edad había sido tan sólo una máscara para ocultar sus verdaderas preocupaciones, para tapar el terror que le daba la idea de creer que Edward la usaría y la dejaría tirada al día siguiente, cuando ella ya hubiese estado lo suficientemente enamorada de él como para olvidarse del asunto de un día para el otro.

Edward pareció reaccionar después de unos instantes, y su mirada sorprendida fue aflojándose poco a poco. Sus ojos lucían dulces y brillantes bajo las luces, mientras volvía a acercarse a la muchacha un poco más. Sus narices se rozaban y sus alientos se entremezclaban en el frío de la noche.

- Eso no pasará - aseguró él - Tú no eres el juguete nuevo, Bella.

- Creí que era exactamente lo que era - replicó ella - tú próximo objetivo.

- Eso fue cuando te conocí - aceptó él - El que te negaras sólo hacía el reto mayor.

Bella resopló y el muchacho chocó cariñosamente su nariz contra la de ella.

- Sin embargo, las cosas cambiaron - prosiguió - Ya no me importaban las demás, ya no quería nada que no proviniera de ti, como tampoco quería que nadie te tocara. Y, aunque no lo deseaba, terminé por caer en lo que más temía.

- ¿Tanto miedo tienes de enamorarte?

El muchacho alzó una ceja.

- ¿Acaso vamos a juzgar a los miedosos aquí?

Bella sonrió tímidamente, mordiéndose el labio. Sin embargo, Edward se encargó de que aquel pequeño gesto no durara demasiado, porque recelosamente se ocupó de ser él quien tuviera capturados los labios de Bella.

La muchacha no se opuso. De alguna forma, pudo disfrutar de aquel beso mucho más que de los anteriores.

8 comentarios:

Juan Pardo dijo...

ágico y hechizante blog.T sigo.T invito a seguir mi blog.Saludos poéticos.

Cruz de plata dijo...

Que hermoso *-* Este capitulo es muuy bonito, después de tanto tener que esperar para él creo que vale la pena. Es impresionante, Edward a cambiado DEMASIADO, pero de alguna forma muy leve sigue siendo él.
Cuuuuidate Bss!!

zahily dijo...

gracias por actualizar no sabes lo mucho que espere este capitulo y espero que el proximo halla mas acercamiento entre ellos, edward se porto tan bien y al fin ella reconocio que lo quiere y tiene miedo de ...... Actualiza pronto besos =*

nel dijo...

q lindo! al fin t acordaste de nosotras!!! xfa no demores tanto para publicar q m muero de ansias

Mery Williams dijo...

EStá genial!!
hacia mucho que deseaba leer nuevos capitulos, espero que no tardes tanto para el proximo capitulo porque realmente merece la pena, me encanta esta historia, muchas gracias!!

Anónimo dijo...

si yo estoy en las mismas ...... Acaba de darme cuenta de que eta Edward me gusta mas que el otro, como una persona puede cambiar tanto..... waoo no se de verdad me hace falta saber que piensa edward de esto pero el me encanta chau besos espero con ansas el proximo cap...

MaRiia dijo...

Capítulo 1 de "Una nueva vida sin recuerdos" http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2012/02/una-nueva-vida-sin-recuerdos-capitulo-1.html

Capítulo 4 de "Así es la vida" http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2012/02/asi-es-la-vida-capitulo-4.html

Capítulo 27 de "Solos tú&yo" http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2012/02/solos-tu-yo-capitulo-27.html

"Otros" nuevo poema http://letrasdehieloyfuego21.blogspot.com/2012/02/otros-poemas.html

roxana dijo...

Holaa amiga, no se si te acordaras de mi soy Roxana de luna de amanecer te acuerdas? bueno que perdon por la desaparicion, veo que tu tambien te desaparecistes, pero no sabes que me paso? perdi mi contraseña de mi otro blog, nose que paso :S pero bueno me hize uno nuevo te paso la web...
http://eclipsadoamanecer.blogspot.com/
muchas gracias enserio, me pondre al dia con tu blog :) espero que te acuerdes de mi!