FanFic

Algunos de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, podre unir mi vida al hombre de mis sueños, Edward.

martes, 20 de septiembre de 2011

18. La maldita culpa



"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta


"Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria"


Bella consideró que podía sumar otra cosa a la lista de estupideces y niñerías que había hecho desde que había conocido a Edward Cullen. Escapar por la puerta trasera de los vestuarios, cubriéndose con una capucha, no había sido exactamente lo más maduro que había hecho en toda su vida. Siguiendo las indicaciones del joven, Bella se había dado a la fuga, mientras aquella muchacha -a quien ni siquiera había podido observar-, seguía gritando a todo pulmón, recriminándole cosas a Edward. Incluso aún sin haberla visto, la joven Swan pudo deducir que era una de las tantas novias que el joven Cullen tenía esparcidas por el estado.

Bella echó a correr por los corredores de la escuela y fue presa de otro apagón cuando intentaba encontrar alguna salida que la llevara hacia el gimnasio. Sin verdaderas ganas de seguir luchando contra la corriente, la joven Swan se dejó caer en su lugar y se sentó en el frío suelo. Se quitó la campera con el nombre de Edward, doblándola y poniéndosela bajo el brazo. 

Seguir llevando puesto aquello era como gritar «¡hey, aquí estoy!, ¡yo soy la que estaba besando a Edward Cullen a escondidas!».

Transcurrieron unos pocos minutos hasta que la luz regresó. Entonces la joven decidió que sería mejor echarse a correr, si quería reunirse con los Cullen antes que otro apagón le dificultara el recorrido. Después de unas cuantas vueltas aquí y allá, finalmente halló una puerta que conducía a las gradas. En el gimnasio había una clara conmoción por los apagones y los jugadores lucían contrariados y molestos. La joven Swan se escurrió un poco el cabello y avanzó hasta su asiento, donde las familias y amigos también mostraban frustración en sus rostros.

- ¡Bella! - exclamó Esme cuando la vio, con preocupación - ¿Has conseguido llegar al baño?

La joven Swan necesitó unos segundos para recordar que eso era lo que había utilizado como excusa para salir de allí.

- Oh, sí… no ha sido fácil, pero…

Los señores Cullen asintieron, con el entendimiento en su expresión.

- Jacob te estuvo buscando - comentó Alice, como quien no quiere la cosa - Pasaba por aquí con su hermana. Le dije que estabas fuera…

- ¿Jake estuvo aquí? - preguntó Bella, confundida.

- Sí, su hermana va al Mooreland Hill.

Las autoridades de la escuela y aquellos que se encontraban a cargo del área de básquetbol de la escuela decidieron que el partido se reprogramaría para quince días después, justo frente al comienzo de las vacaciones de Navidad. Un gran desánimo se percibió en los espectadores y en los miembros de ambos equipos, aunque Bella se sintió levemente feliz por Edward.

Eso le recordó la situación en los vestuarios y volvió a preguntarse qué habría pasado.

Todos los espectadores comenzaron a abandonar la cancha con un dudoso sentido del orden. Carlisle encabezó la marcha de la familia por las gradas, hasta el exterior de la escuela, donde todos debieron comenzar a correr bajo la lluvia, cuya intensidad parecía ir en aumento con cada minuto que pasaba.

- ¿Em? - la joven Swan escuchó la voz de Jasper a su lado, que hablaba por móvil mientras ingresaban en el asiento trasero del automóvil de los Cullen * Sí, iremos a casa de Edward porque es la que está más cerca. Llévalo tú y nos vemos allí.

Después de la llamada, todos se sumieron en un profundo silencio, mientras el señor Cullen manejaba hábilmente por las calles húmedas de la ciudad. Evidentemente, aquello de la velocidad era algo de familia, porque el padre de Edward tenía la misma manía que él por la conducción acelerada. Incluso cuando Esme le recordaba que había invitados en el coche, Carlisle parecía hacerlo inconscientemente.

Cuando llegaron a la residencia de la familia, la señora Cullen se encargó que todos tuvieran toallas secas y un lugar cerca del fuego; ella misma había dicho que no quería que nadie pescara un resfriado tan cerca de la llegada del invierno. También preparó un poco de té caliente y todos se sentaron en la sala a disfrutarlo, una vez que sus ropas se encontraron secas. Estaban justo en medio de ello, cuando la puerta de casa volvió a abrirse. Emmett y Edward ingresaron la casa totalmente empapados, aunque no era lo único que destacaba en la particular escena.

- ¡Dios mío, Edward!, ¿qué te pasó?

Esme se puso de pie para revisar de cerca a su hijo. Bajo su rostro mojado y cansado, lucía un magullado ojo morado que le daba un aspecto aún más abatido. Cuando su madre quiso revisar la herida, Edward la hizo a un lado educadamente.

- Sólo me he tropezado, mamá - explicó - Cuando se fue la luz…

- Bueno, da igual cómo haya sido - murmuró su madre, aún con las facciones del rostro contraídas - Traeré hielo.

- Yo iré a buscar mi botiquín - comentó el doctor Cullen - Eso de ahí puede ser más que una torcedura, muchacho.

Edward asintió, mientras sus padres se dirigían a diferentes partes de la casa. Luego caminó arrastrando los pies y se dejó caer sobre el sofá, entre Jasper y Bella, que lo observaban minuciosamente. Alice, que encontraba sentada frente a ellos, se acercó y se puso de rodillas en el suelo, frente a su hermano.

- ¿Qué pasó, Ed? - inquirió Jasper, mirando fijamente su ojo.

- Oh, Jacob ha decido darle una visita - intervino Emmett jocosamente.

Una expresión de sorpresa los recorrió a todos, pero Bella debía ser, seguramente, la más sorprendida del grupo.

- ¿Jake?

Edward gruñó.

- Oh, sí, él estaba allí y su hermana también - aseguró Emmett, para quien toda la situación parecía de lo más graciosa - Y no en un momento muy oportuno…

- ¡Emmett!, ¿podrás callarte un instante? - pidió Edward.

Se hizo silencio en la sala, mientras le rostro de la joven Swan se llenaba de entendimiento.

- Oh, no, dime que ella…

- Sí - afirmó Edward, con una sonrisita llena de ironía - Fue ella quien gritó.

- Oh.

- ¿De qué nos estamos perdiendo? - inquirió Emmett, mirando a la joven Swan y su amigo.

Edward y Bella no se dignaron a responder aquella pregunta. La joven Swan ya se encontraba lo suficientemente consternada con el hecho de que alguien los hubiese pillado juntos. Sin embargo, nunca se le había cruzado por la cabeza que esa persona podía haber sido, justamente, la hermana de Jacob. Si antes se encontraba avergonzada, no podía explicar lo que sentía después de saber que el joven Black también estaba al tanto de aquella incómoda situación.

¿Qué sucedía si Jacob se enteraba que ella…?

Oh, no.

El doctor Cullen regresó a la sala y le realizó un vendaje a Edward en la muñeca, poniéndole un pequeño soporte de madera y pidiéndole que se cuidara. Aparentemente el golpe había terminado sólo en una torcedura, pero no debía forzar la articulación si quería recuperarse pronto. Esme también volvió al punto de reunión, con una bolsa de hielo en sus manos. Edward se la acomodó sobre el ojo, que estaba tomando un preocupante tono amarillento.

La lluvia continuaba cayendo copiosamente, incluso casi una hora después que el grupo había llegado a casa de los Cullen. Los padres de Edward y Alice decidieron irse al piso superior, cuando su hijo mayor alegó que pedirían algo para comer. Todos los invitados habían acordado en que esperarían a que la tormenta parara un poco para irse, por lo que comer algo mientras tanto no era mala idea.

Emmett cogió unos cuantos papeles con números y menús de negocios de comida locales y todos comenzaron una discusión para decidir qué sería lo que ordenarían. Habían escogido ya pedir un poco de comida china, cuando el timbre de la casa sonó. Fue Emmett quien se dirigió a abrir, ya que se encontraba de pie. Segundos después, los jóvenes vieron una furibunda muchacha ingresar en la sala junto con el joven McCarthy. Era hermosa, incluso cuando su rostro se encontraba contraído en una extraña expresión amenazante. Con su largo y húmedo cabello rubio ondeando detrás de ella, se acercó hasta Edward, para darle un puñetazo sin miramientos. Todos soltaron gritos ahogados cuando vieron al joven Cullen ser impulsado hacia atrás, mientras la rubia lo miraba asesinamente.

- ¡Eres un imbécil, Cullen! - aulló.

Bella abrió la boca levemente. ¿Otra de las chicas de Edward?

Cómo no!

- Rose, bebé…

- Tú cállate, Emmett - bramó la joven, volviéndose levemente para fulminar al muchacho con sus penetrantes ojos celestes.

- Que agradable sorpresa, Rosalie - comentó Edward jocosamente, palpándose el ojo que no se encontraba magullado, pero que pronto lo estaría - Tan cálida y femenina como siempre.

- ¡Cierra el pico, idiota! - gruñó, acercándose más a él - ¡Dime quién era esa zorra con la que decidiste engañar a Rachel durante el partido!

Ante aquella acusación, todos los rostros de los presentes adquirieron expresiones de confusión, aunque la de Bella se debatía entre la sorpresa y el horror. ¿Cómo podía ser que ella supiera…?

- ¿Eh?

- ¡No te hagas el idiota! - gritó ella, y parecía tener la intención de golpearlo nuevamente - ¡Toda la escuela está hablando sobre ello!

- Si Rachel quiere hablar conmigo, lo haré - comentó Edward, que parecía de lo más tranquilo - pero no tengo nada que hablar contigo.

Antes que Rosalie se volviera a tirar sobre Edward para regalarle otro bonito moretón, Emmett la cogió por la cintura y la alejó de su amigo. La pareja salió de la sala, dejando un ambiente bastante peculiar. Edward fue el único en moverse, tan sólo para volver a coger la bolsa de hielo y ponérsela sobre el nuevo golpe. Jasper, Alice y Bella parecían congelados en sus lugares.

- ¿Alguien más quiere darme un puñetazo? - inquirió el joven Cullen, con una hospitalaria e irónica sonrisa - ¡Vamos, hoy es el día de «golpeemos a Edward», no se contengan!

Jasper se atrevió a sonreír, pero las dos muchachas siguieron sin moverse un solo ápice. A pesar de tener motivos diferentes, las dos se encontraban lo suficientemente conmocionadas como para tener algo que decir o hacer. Tan sólo un par de minutos después, una vez que Emmett avisó que se llevaría a Rosalie a casa al ver que la tormenta no era ya tan intensa, Bella fue capaz de ponerse de pie y decidir que ella también se iría. Se despidió con un rápido movimiento de su mano y salió de la sala. Podía sentir los pasos detrás de ella, pero no quiso volverse. Todavía se encontraba demasiado confundida y perturbada como para hablar con Edward.

- Bella, ¡espera! - pidió el muchacho - Puedes quedarte, Jasper seguramente lo hará. Hay lugar para dormir y mi madre no te…

- No, Edward, quiero irme a casa - replicó la joven, cortante.

Aún no lo miraba, por lo que le sorprendió el tono suplicante de su voz.

- Bella, por favor, no hagas de esto una gran cosa…

La joven Swan se volvió repentinamente.

- Edward, para mí una ex novia no es cualquier cosa - aseguró firmemente - O no sé si llamarla ex es erróneo.

El muchacho suspiró y, frustrado, se pasó una mano por sus desordenados cabellos. Evidentemente entendió la frase que Bella había soltado tan mordazmente, porque se acercó a ella y la cogió por los brazos con suavidad, frotándolos suavemente.

- Bella, tú eres la única para mí ahora - dijo él - Puedo jurártelo.

- Edward…

- No, déjame terminar - pidió - Quiero que salgamos, quiero hacer cosas contigo, pasar tiempo junto a ti sin tener que ser sólo el niño al que cuidas - se le escapó una tenue sonrisa cuando dijo aquello último - Por favor, déjame invitarte a salir.

- ¿Lo dicen en serio? - preguntó Bella, recordando las palabras de Angela.

Sabía que Edward rogando por una cita no era algo que se viera todos los días.

- Por supuesto - aseguró él - Ve a tu casa ahora, pero mañana quiero que salgamos, ¿de acuerdo?

La muchacha se quedó prendada a los ojos verdes de su acompañante y terminó por asentir. 

Mientras Edward sonreía ampliamente y ella suspiraba, se preguntó si tendría algún tipo de poder para hacer que su orgullo y su fuerza de voluntad cedieran con tanta facilidad. Nuevamente volvió a pensar que el joven Cullen era lo más parecido a un pequeño con un aspecto convincente de niño bueno.

Finalmente la muchacha pudo abandonar la casa de los Cullen, acompañada de la lluvia y una gran sensación de culpabilidad. Todo lo que había sucedido ese día le había dejado muy en claro los riesgos que corría al salir con Edward. Había demasiadas personas entre medio de su relación como para hacer que las cosas fueran sencillas. No sólo tenía que soportar todas aquellas viejas novias celosas, sino que al parecer a todo ello debía sumarle amigas neuróticas, hermanos sobreprotectores y ojos curiosos, además de un padre y una madre que se habían convertido en sus jefes. Mientras esperaba que cambiara la luz de un semáforo, la joven Swan apoyó la coronilla contra la ventana de su vehículo y se preguntó si realmente sería lo suficientemente fuerte como para soportar toda esa presión.

El descanso en su hogar le sentó de maravilla a la torturada Bella Swan. En un acto bastante inusual en ella, dejó que la mañana del domingo transcurriera mientras ella la disfrutaba desde su cama, con la cabeza hundida en su almohada. Finalmente despertó y el reloj en su mesilla daba las once y media de la mañana. Con una expresión adormilada la muchacha se incorporó, con los rayos del sol colándose por la ventana y chocando cálidamente contra su espalda. Toda aquella situación le resultaba a Bella lo suficientemente agradable para olvidarse de sus problemas, aunque fuera por un pequeño lapso de tiempo.

Después de levantarse y prepararse una gran taza de café, la joven Swan encendió el viejo ordenador que tenía en su sala. Había tenido el mismo desde que había comenzado la secundaria, por lo que el pobre artefacto trabajaba a una velocidad desesperantemente lenta y sólo disponía de las funciones y los programas más básicos. Bella, sin embargo, estaba tan acostumbrada a él que le parecía algo completamente natural. Transcurridos unos minutos y con la pantalla de inicio finalmente cargada, la muchacha comenzó a realizar un trabajo para la universidad, mientras bebía su café en sorbos ocasionales.

La muchacha estuvo trabajando por más dos horas, haciendo sólo algunas pequeñas pausas, hasta que el teléfono sonó. Atendió con desconfianza, quizás demasiado segura de quién estaría al otro lado de la línea. Efectivamente se dio cuenta que su sentido común no había fallado cuando oyó la voz de Edward. Después de un saludo amistoso, el joven comentó:

- Iremos al cine, ¿te parece? - preguntó - Y luego podemos ir a comer algo, o a los bolos o…

- Edward, está bien - cortó ella, dubitativa - El cine está bien.

Por lo menos, la idea de luces apagadas la hacía sentir más protegida. Después de todos esos pensamientos sobre ojos curiosos y rumores extendidos por la escuela del muchacho, no quería más exposiciones. Nadie sabía que ella había sido la chica que había estado con Edward -odiaba lo vulgar que sonaba aquello para definir su relación-, pero no por eso iría mostrándose con el muchacho por todos lados.

Acordaron que Edward pasaría a buscarla pasadas las cuatro y media de la tarde, ya que el animado joven había averiguado por una función que comenzaba una hora después. La joven Swan observó el reloj que pendía de la pared, que señalaba las tres y cuarto de la tarde. Dando un profundo suspiro y llevando la taza vacía al fregadero, decidió que sería mejor bañarse antes que comenzara a arrepentirse de su decisión.

Casi una hora y media después de finalizada su conversación, Edward se encontraba en la puerta del edificio donde Bella vivía, luciendo bien vestido y rematando el conjunto con unas gafas oscuras que ocultaban sus ojos magullados. Después de sonreírle y darle un fugaz beso en los labios, el muchacho le abrió la puerta del copiloto y la joven ingresó, sentándose tímidamente. La música de Debussy flotaba agradablemente por el aire.

Edward condujo por la ciudad, preguntándole a Bella por sus cosas. Hablaron de sus estudios, de su apartamento, incluso de su familia; a pesar que la joven Swan se encontraba algo reticente a hacer comentarios al respecto. La nueva faceta que Edward parecía querer mostrar casi a la fuerza no iba demasiado con él. Generalmente ese tipo de conversaciones entre ellos habían surgido de forma espontánea y no como si realmente tuvieran que hablar de ello.

- Iré a comprar algo para comer - comentó Edward, cuando llegaron al sector de las salas de cine.

Bella asintió ausentemente, mientras el muchacho se iba. La joven se quedó observando los dos tickets que Edward había dejado en sus manos y le había prohibido pagar, al igual que el resto de lo que compraran ese día. A pesar de sus diecisiete años de edad, el joven Cullen sabía actuar como un hombre maduro y caballeroso si se lo proponía. Sin embargo, Bella no estaba demasiado segura si eso le gustaba o no.

Pocos minutos después, Edward volvió a reunirse con ella; traía una gran bolsa de palomitas de maíz entre sus manos y, haciendo una extraña maniobra para llevarlo todo, cargaba con dos latitas de gaseosa.

- Vamos, antes que comience.

Bella no sabía a ciencia cierta cuál era la película que iban a ver, pero Edward le había asegurado que le gustaría. Efectivamente, la misma era una comedia romántica que trataba sobre las desilusiones amorosas y las disparatadas y patéticas situaciones en las que uno mismo se mete por su interés en alguien.

Edward pasó un brazo por los hombros de la muchacha pocos minutos después que la película hubiese comenzado, habiendo corrido previamente el apoyabrazos. Bella se acurrucó contra el pecho de su acompañante, olvidando por un momento todos los problemas que los rodeaban. Incluso cuando su relación tuviese todas las trabas del mundo, esos pequeños momentos le recordaban a la joven Swan por qué seguía luchando contra todo. Incluso aún cuando fuese tan difícil…

La muchacha se sorprendió cuando sintió los labios de Edward contra los suyos. En alguna otra situación lo hubiese regañado por no permitirle prestar atención a la película, pero la realidad es que ni siquiera había estado mirando la pantalla en los últimos cinco o diez minutos. Por lo que, en un intento de olvidarse de todo, cogió el rostro de su compañero y profundizó aquel beso. Edward bajó lentamente sus manos por la espalda de la joven, dejándolas descansar juguetonamente sobre su cintura. Bella se encontró recostada sobre el pecho del muchacho, casi fuera de su propia butaca, mientras cogía su cabello con fuerza. Había algo en Edward Cullen que la provocaba desesperadamente.

Bella sintió las manos de Edward bajo su camisa e instantáneamente se tensó en su sitio. El muchacho quizás no lo notó, porque continuó acariciando la piel al descubierto, mientras el beso subía aún más su intensidad. Bella tuvo la necesidad de separarse de él, ocultando la cabeza en el cuello de su compañero.

- Me vuelves loco, Bella.

La joven Swan cerró los ojos y aspiró la agradable fragancia que despedía el muchacho. En esos momentos, le encantaba creer que todo iba bien. Incluso cuando la realidad era muy diferente a todas sus ilusiones.

Cuando la película acabó, la pareja salió de la sala cogida de la mano. Edward comenzó a proponer diferentes lugares donde podían cenar, mientras Bella escuchaba ausentemente. El joven se percató de la falta de atención de su compañera, porque se detuvo y cogió el rostro de la muchacha entre sus manos. Se encontraban cerca de las escaleras mecánicas, por donde entraban y salían los espectadores.

- ¿Estás bien, Bella? - inquirió - Te noto preocupada y…

- No, no. Estoy bien, Edward - murmuró ella, de forma poco convincente.

El muchacho se acercó más al rostro de la joven Swan, quedando con su frente junto a la de ella.

- No quiero que sientas esto como algo forzado - pidió - Realmente quiero hacerlo funcionar, Bella, créeme.

La muchacha suspiró y asintió antes que él la besara tiernamente. Era difícil definir lo que sentía, sobre todo porque le costaba asimilar que todo aquello realmente estaba pasando. 

Después de todo el tiempo que había estado en el hogar de la familia Cullen, había visto a Edward comportarse como un perfecto imbécil. Le parecía demasiado repentino e irreal que él hubiese podido cambiar tanto. Cuando sus labios rozaban suavemente los suyos como en ese momento, la joven Swan podía notar que el cambio era perceptible, que allí había algo más que un cariño prohibido.

- ¿Bella? - escuchó una voz lejana, llena de incredulidad - ¡No puedo creerlo, demonios, no puedo creerlo!

Ambos jóvenes se volvieron para encontrarse con un sorprendido y furioso Jacob Black. Bella se quedó de piedra observándolo, y pudo ver la decepción y el enojo en sus ojos oscuros. La joven Swan pensó que posiblemente el muchacho iría a por Edward, pero sólo se dedicó a mirarla a ella. Después de lo que pareció una eternidad de silenciosa observación, Jacob habló, sin despegar sus ojos de los suyos:

- ¿Sabes qué es lo peor de todo? - dijo, con una expresión dolida en su rostro - que creí que realmente eras diferente a las demás.

- Jake…

- Esto podría haber funcionado si todo fuera un poco más… normal - prosiguió, haciendo una mueca y pasando completamente de Edward - pero creo que me he equivocado. Hasta luego, Bella.

La joven Swan quiso hacer algo pero, ante la falta de ideas inteligentes, se quedó de pie en su lugar, como una idiota. Aún tenía cogida una de las manos de Edward y ambos se encontraban casi abrazados. Era una situación realmente incómoda.

- Y tú, Cullen - agregó Jake antes de desaparecer, con tono mordaz - si vuelves a acercarte a mi hermana, puedes darte por muerto.

Los dos jóvenes se quedaron pasmados después de la iracunda retirada del joven Black. La gente seguía andando y riendo a su alrededor, mientras ingresaban a las salas de cine o salían de ellas. Todo parecía bien pero ellos dos seguían allí, como si su pequeño mundo personal se hubiese detenido por unos instantes. El momento de reflexión fue interrumpido por la joven Swan, que se volvió lentamente hacia el muchacho. Una expresión abatida cruzaba su rostro cuando, con todo el dolor del mundo, pronunció:

- Edward, lo siento, pero no creo que yo pueda seguir con esto - hizo un silencio, intentando vanamente buscar algo más que decir - Yo… lo siento.

Y luego corrió. Corrió sin saber exactamente como actuar en una situación de aquel tipo.

Nunca había pensado que enamorarse de alguien podía ser tan complicado y llegar a doler 
tanto.

4 comentarios:

alejandra dijo...

hola acabo de leer esta historia tuya... y wau!! nose que decirte me he quedado sin palabras esta genial, eres genial ojala sigas escribiendo porque eres fantastica y nada un gusto gracias por este blog... y espero que sigas con esta historia que esta increible. bss

angela dijo...

que excelente capitulo amigaa..!! gracias por publicarr.. me tenias esperandoo con deseperacion.. espero publiques prontico el otro.. te kiero muchote.. pliss publicaaa jeje me encantaa esta historiaa.. pobre Bella no pega una..

Cruz de plata dijo...

Nooo!! D: Necesito sabeer como sigue >.< me gusto muchoo este capitulo, creo que es uno de mis favoritos...
Jake debe sentirse muy mal :( al igual que Bella...
Besos !! byee ;)

Koko Cipriano dijo...

NO!!!!!!!!!! Creo que me vas a hacer llorar.. estoy algo sentimental y tu escribres esto... Woww que capi.. Creo que detesto a Jake.. porque tiene que ser tan oportuno -___-

Saluditos.. Buen capi!